lunes, 20 de noviembre de 2017

Las vueltas que da la vida...

A las puertas de una nueva campaña electoral, huérfano de fidelidades partidistas, me encuentro en la curiosa situación de votar a una persona que me cae muy bien, pero a la que yo consideraba muy alejada de mis opiniones políticas...


Yo siempre he sido muy de Unió Democrática. Por supuesto, los que me conocéis no me identificáis con la Democracia Cristiana, aunque en una larga etapa de mi vida fui cristiano -eso no se pierde fácilmente- y en otra, quizás más breve, demócrata... pero, como funcionario que fui de la Generalitat, he trabajado muchas veces bajo las órdenes directas de personas pertenecientes a dicho extinto partido, y debo decir que mi experiencia con ellos fue siempre muy positiva, estrictamente hablando a nivel personal... bien es verdad que había empezado siendo feligrés de Joan Rigol, prominente militante de UDC que, una vez colgado los hábitos, llegó nada menos que a presidir el Parlament de Catalunya.

También en mi entorno próximo hubo activos militantes de Unió, si bien la visión que me trasmitieron de su partido fue mucho menos idílica, cuando uno de ellos fue implacablemente purgado tras ser sorprendido haciendo manitas políticas con Roca Junyent, entonces delfín de Pujol... su verdugo fue su hasta entonces amiga, una dirigente que llegó también a las más altas magistraturas, y que hoy es independentista ligeramente descontrolada, y cuando el pobre purgado, camino de Siberia, me contaba sus desdichas con lágrimas en los ojos, no pude contenerme y le dije: "¿Entiendes por qué, entre los cristianos y los leones, yo siempre prefería a los leones...?"

Cuando el líder de Unió, Josep Antoni Durán i Lleida, pasó a ser mi Conseller, en la primera y única visita a mi despacho -el "paseillo", como llamábamos taurinamente, doble falta de respeto, a ese rito inaugural- , al ver el mapa de Sobrarbe que colgaba en la pared, sonrió y me dijo: "Jo també sóc aragonès...!"... con lo cual ya se me metió en el bolsillo, aunque no al mismo nivel que a mis compañeras, rendidas ante su apuesta figura, su brillante calva, su impecable corbata y su fama de "play boy"....

Completó la jugada nombrando Director General de Administración Local -es decir, jefe de mi unidad administrativa- a un joven al que ninguno de nosotros conocía; Ramon Espadaler; sabíamos de él que procedía de un pueblo de la Plana de Vic... "¡Un carlistón...!", pensé yo, preparándome para navegar en aguas revueltas...

Al tomar posesión del cargo, nos sorprendieron su afabilidad y el interés que demostró por conocer el funcionamiento de nuestros servicios; me llamó a su despacho y, durante más de dos horas, le estuve explicando cuales eran mis funciones: en líneas generales, yo proponía la distribución entre ayuntamientos y consejos comarcales de una parte de su financiación, la procedente de la participación en los ingresos de la Generalitat, y, sobre todo, efectuaba también la propuesta de distribución de los recursos del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, FEDER, para financiar obras de competencia local. No era sencillo de hacer, ni de explicar... tenía que contentar a mucha gente; a los  ayuntamientos de Convergència i Unió, agrupados en la Associació Catalana de Municipis, y a los socialistas -y los de Iniciativa, claro-, que formaban la Federació de Municipis de Catalunya, donde actuaba de cancerbero Ernest Maragall, el hermano de Pasqual, conocido como "el Tete", y hoy en las listas de ERC...

Al día siguiente, Ramon Espadaler me volvió a llamar a su despacho... me lo encontré escribiendo en su ordenador, aparato que, hasta el momento, no había visto usar a ningún Director General, me pidió que me sentase, y me dijo: "He estado haciendo un resumen de todo lo que me contaste ayer: te lo voy a leer, para ver si está correcto..." Había escrito más de tres páginas... le hice alguna corrección -siempre debes dejar claro al jefe quién sabe más...- pero no pude contener mi asombro y admiración.... "¡Coooño -dije- eres el primer Director General que tengo que sabe lo que hago... no sé si me gusta eso...!"

El día en que, finalmente, le presenté mi propuesta de distribución del FEDER, la estudió con atención, y, sonriendo, me dijo: "Tu propuesta es técnicamente perfecta, pero políticamente inasumible...". Los recursos se concentraban demasiado en grandes proyectos de municipios grandes y medianos; había que dirigir más hacia los "pezqueñines", como cariñosamente los llamábamos, los pequeños municipios que formaban el núcleo del poder municipal de CiU: había yo desarrollado, para uso personal y de algún amigo muy próximo, mi "Índice PIG", resultante de dividir el número de cerdos estabulados en cada municipio ("porcs", de ahí la P) por el de habitantes humanos (Gente, "gent") en cada municipio: para PIGs iguales o superiores a 1, podías apostar lo que quisieras a que el alcalde era de CiU...

Iniciamos entonces un nuevo estudio de los expedientes, que nos llevaba a trabajar codo con codo hasta altas horas de la noche... me contaba que salía de su pueblo, donde seguía viviendo, de madrugada, procurando no despertar a su mujer, y volvía cuando ya estaba acostada... por suerte, eran tiempos de vacas gordas, y tenía coche oficial y chófer, que nos dejaba usar discretamente -el coche y el chófer- para nuestros desplazamientos de trabajo... sin embargo, una tarde, cuando le pregunté. "¿Hasta qué hora nos quedamos trabajando hoy?" , me contestó: "Hoy, imposible... esta mañana había en la nevera un post-it de mi mujer; decía: "Esta tarde voy a tal sitio... ¡tú verás....!""... comprendí que no quería tirar demasiado de la cuerda, y aquella noche descansamos.

Rehicimos la distribución, en forma bastante satisfactoria, pero poco tiempo más pude disfrutar de Ramon como Director General, porque pronto fue nombrado Conseller de Medio Ambiente: recuerdo que le regalé la Guía de Aves "Dels Països Catalans i d'Europa", la traducción catalana del Peterson, la Biblia de los observadores de aves, que sin duda le sería de utilidad en sus nuevos cometidos... "Pongo los pajaritos en tus manos, cuídamelos...", le dije... Quedamos, por lo tanto, amigos, y por amigo lo tengo, espero que él también a mí...

Pues bien: hundida Unió en sus deudas y desaparecida del panorama político catalán, emigrados buena parte de sus militantes más independentistas hacia el Refugio de Pecadores de ERC, recala ahora Ramon Espadaler en la lista del PSC, encabezada por Miquel Iceta, seguramente el político catalán que más garantías me ofrece en estos momentos; lista cerrada, por cierto, por Jiménez Asenjo, uno de mis ya pocos referentes de lo que fue ICV y de lo que no llegó a ser la versión catalana -ni la española- de Podemos, y donde figuran también personas procedentes de Federalistes de Esquerres, lo más parecido a una formación política en la que desde hace pocos días milito, es un decir... la lista, por lo tanto, a la que presumiblemente votaré el próximo 21-D. Una lista de la que espero que conjugue los elementos progresistas del PSC -y de los que estamos un poquito a su izquierda-, un catalanismo asumible por los que no somos catalanistas, y dosis, importantes, masivas dosis de sentido común...

Me reencuentro, así, con Ramon Espadaler en circunstancias hace pocos meses imprevisibles, y que demuestran lo profundo del cataclismo que ha sacudido a Cataluña y a los catalanes, por la mala cabeza de algunos... hay quién descalifica la lista de Iceta justamente por la presencia de Espadaler: "¡Un democristiano...!", ayer mismo lo hacía Echenique: "¡Espadaler, que se oponía al matrimonio homosexual...!"

¿Pues sabéis una cosa... ? Yo también.... al matrimonio homo, y al hetero, a cualquier matrimonio civil... si tus creencias religiosas te impiden copular con otro ciudadano o ciudadana sin el visto bueno de tu Ser Superior, cásate por el rito que quieras, con el "Ave María" de Schubert o rompiendo un botijo... pero, y ahí lamento discrepar de mi admirado Napoleón, no sé que tienen que ver las afinidades sentimentales y/o sexuales con el Código Civil, que tiene que estar para otras cosas... y que conste que soy el primero en dar ejemplo, con veintiocho años de feliz unión con mi compañera sin más requisito que un acta notarial, y en fecha relativamente tardía... mis más recientes experiencias de bodorrios próximos, homos y heteros, han acabado como el Rosario de la Aurora, como acabó el mío, sin ir más lejos... al próximo que pretenda que le ayude a pagar un viaje a Thailandia para dos, le diré que haga un Verkami, como Artur Mas, y que me envíe el jamón pata negra cortadito y envasado al vacío, que ya me lo comeré yo tranquilamente en mi casa, sin tener que elegir corbata y sin pasar apuros para abrocharme el traje oscuro... y si te gustan los ritos, a Las Vegas, a que te case Elvis, o Chiquito de la Calzada, pobrecito mío... por ese lado, tranquilo, Ramon, cuentas con mi voto...




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Recuerdos de segunda mano...

Hay días en que te apetece contar cosas sólo por el gusto de contarlas...

Me han venido hoy a la memoria dos historias que me contaron a mí... las dos tienen un hilo común: son recuerdos de nuestra Guerra Civil, y digo nuestra porque ya llevamos algunas generaciones, y aún no conseguimos quitárnosla de la cabeza...

La primera sucedió en Boltaña, como cabía esperar, tratándose de mí... Abril de 1938; en una sola noche, el ejército de Franco rompe el frente republicano de Aragón, y sus tropas avanzan hacia Boltaña por la Guarguera; el Ejército Popular, en un intento de frenarlas, dinamita el puente medieval -que otros llaman "Romano"- de La Gorga; por cierto, no ha habido tiempo en todo el Franquismo y todo el "Régimen del 78" para reconstruirlo dignamente; ahí sigue con un tramo central que es un puente de campaña de origen inglés, toda una reliquia ya también, la chapuza provisional más duradera de la Historia.

Los dinamiteros no son muy expertos, o se pasan de entusiasmo -quizás entre ellos estaba mi tío Antonio, soldado en el polvorín de la ermita de San Sebastián-, y la explosión envía una nube de cascotes que dejan el pueblo hecho una pena... entre eso, y la natural prevención ante la llegada de tropas, mi familia se ha refugiado en la bodega; sabia medida... mi familia, como amablemente me recordaba hace poco un examigo en el feis, son "fachas", es decir, aguardan con esperanza la llegada de las tropas de Franco, pero tampoco hay que bajar la guardia... pronto oyen pasos en la calle, ir y venir de gente, que suponen soldados... piensan que los podrán identificar si vienen mojados, porque eso querrá decir que son Nacionales, y han vadeado el río... recordemos que estamos en Abril, y el Ara, en esos meses, suele bajar furo... de hecho, me cuentan que, aquel día, intentando cruzarlo a caballo, se ahogó un capitán de los Nacionales, dato que no he podido contrastar...

Mis tías, Concha y Guillermina, sobre los veinte años, se arman de valor y salen a echar un vistazo... ambas visten de luto riguroso, de esos lutos de entonces, por la reciente muerte de su abuela, mi bisabuela... se dan de bruces con un grupo de soldados: mojados; son de las Brigadas Navarras, gentes de buenas costumbres -salvo la de liarse a tiros con los enemigos del Rey, los Fueros y la Religión-, su virtud no corre ningún peligro... al verlas tan enlutadas, preguntan rápidamente...

"¿A quién os han matado los rojos...?"

"¡No, no, ha sido yaya... y se ha muerto ella sola...!" acierta a decir una de ellas...

La segunda se sitúa en Barcelona, en una pequeña población del Maresme: en un acto de terrorismo financiero, los Nacionales llevan mucho tiempo anunciando que, a su entrada, sólo reconocerán determinadas series de billetes de banco: eso ha creado un auténtico caos monetario en la zona republicana; los billetes "buenos" desaparecen de la circulación, porque los más realistas -que ven venir la victoria de Franco- los atesoran, y los billetes "malos" no se aceptan... de todas maneras, el ejército republicano ha pasado ya por el pueblo en plena retirada, y la gente, encerrada en sus casas -o en sus bodegas, si las tienen, como en Boltaña- espera la entrada de las tropas de Franco.

De repente, un ruido de hierros, un rechinar de cadenas, y una pequeña tanqueta italiana entra en la no menos pequeña plaza del pueblo... las Ansaldo son realmente la mínima expresión de un tanque, los soldados republicanos han aprendido a destruirlas echándoles por encima una manta empapada en gasolina y prendiéndole fuego... pero llevan un par de ametralladoras, y, mal que bien, han servido durante toda la guerra... en la Segunda mundial durarán lo que un caramelo en la puerta de un colegio...

Se para la tanqueta, se abre la escotilla, y aparece el rostro victorioso, pero no por ello menos receloso, de un oficial italiano... impecablemente uniformado, con su casco de cuero de tanquista... en una guerra de zarrapastrosos, los italianos daban siempre la nota de elegancia masculina... según contaba un amigo de mi familia, requeté durante la guerra, llevó una noche un parte a un oficial italiano, y, ante su sorpresa, descubrió que dormía en su chabola con una redecilla en el pelo, para proteger su peinado... el italiano mira, desafiante, las puertas y ventanas cerradas, esperando ver aparecer a alguien que, yo que sé, le rinda el pueblo, o algo así...

Se abre una de las puertas, y por ella asoma una anciana, a la que imagino no menos enlutada que mis tías, seguramente con una pañoleta en la cabeza, muy posiblemente con un mandil a cuadros, faldas hasta el suelo, alpargatas... lleva en su mano un fajo de dinero, se dirige, medio corriendo, a la tanqueta, se lo enseña al asombrado oficial, y le pregunta, ansiosa:

"Señor feixista, señor feixista... ¿Estos billetes, valen...?"

Me contaron estas historias personas que ya no están entre nosotros... yo os las paso, si os hacen sonreir, pasadlas vosotros también... historias mínimas, como mínimos somos nosotros, que quedarán flotando en la nada, entre el recuerdo colectivo de un gran drama, del que formaban también mínima parte, como contrapunto humano...


miércoles, 18 de octubre de 2017

¡Taxi, taxi...!

Por circunstancias de la vida, leo las últimas páginas de una novela profundamente barcelonesa durante una breve estancia en Madrid...siempre viene bien una cierta distancia emocional para esas cosas...

No es ningún secreto mi preferencia por la obra de Carlos Zanón, no confundir con Carlos Ruiz Zafón, cuya obra no menosprecio, pero no sigo... esperaba su última novela, Taxi y, como cabía suponer, no me ha defraudado...

Me unen a Zanón afinidades digamos geográficas, y me separan años y experiencias: nos hemos movido por las mismas calles, con algo más de quince años de diferencia, ese microcosmos que tiene por eje la Avenida Virgen de Montserrat (ahora Mare de Déu de), ¡Jose, el prota, vivía en casa de sus padres en la Calle Arco Iris, cuántos, qué pocos la conoceremos...! Pero esos años de diferencia, y unas preferencias musicales muy distintas, nos sitúan en realidades paralelas... bueno, no tan paralelas... yo más bien en el primer Dylan, Paco Ibáñez y los cantautores de aquí, él en sus Clash, que escucho en éste momento, como homenaje a su "Sandinista!"... yo, que estuve a un paso de irme a Nicaragua, Sandinista de verdad, cooperante con AK en los momentos más duros de la "Contra"... también hay en su obra -y en ésta, con cierto protagonismo- referencias a la química recreativa que diezmó su generación, y de la cual me mantuve siempre al margen, dejando aparte cuatro porretes... pero nuestros pies han pisado la misma ciudad, la hemos amado, cada uno a su manera...

He ido leyendo criticas de su novela, sumamente elogiosas... como no podía ser de otra manera, todos hemos captado el evidente vínculo con la Odisea, descubriendo que, después de Homero -que igual ni siquiera existió-, poco más se ha escrito de nuevo sobre un personaje que afronta pruebas y más pruebas en un largo camino de vuelta a casa, aunque este Ulises no tenga malditas las ganas de volver a ver a su Penélope, folle mucho por el camino, Polifemo lo ponga a gusto -aunque él se vengue hundiéndole su cueva-, y su Telémaca con pecas solo se deja ver, lejana e improbable, al final...

Pero hay otro elemento en esta obra que salta a la vista de los iniciados: la atraviesa un profundo impulso pijoapartesco: Pijoaparte es el improbable apodo de un personaje de Juan Marsé, arquetipo del charnego desclasado que busca su lugar al sol en la sociedad -alta o media- catalana de Cataluña a través de una nativa, Pocahontas sin mazorcas ni pavos silvestres, pero sí con tortells de nata los domingos... esa pulsión que todos los charnegos de ley hemos sentido, en vano, vana como todas las fantasías, y que hoy tan bien ejemplariza ese diputado guapito de cara y de boquita de piñón, de tuit fácil, sueño húmedo de tantas jóvenes indepes, ninguna de las cuales osaría llevarlo a casa de su abuela, el día de Sant Esteve, a comer los canelones, por miedo a que se llevase las cucharillas de plata en el bolsillo de los tejanos de pitillo... Jose, que demuestra ser de buen diente en sus relaciones sentimentales -por llamarlas de alguna forma, aunque el él hasta lo más epidérmico tiene un hondo contenido sentimental- se rinde ante Llámamenat, su sueño de algo más allá, más allá de su realidad, y de ella le viene la más profunda decepción, esas decepciones que sólo pueden proporcionarnos las cosas que, por un momento nos han parecido al alcance, y luego se alejan... Zanón está inmerso en la tarea de dar continuidad a las obras detectivescas de Vázquez Montalbán; imaginaos con qué ganas estoy esperando ver el resultado de esa tarea, y creo -vamos, estoy seguro- que hay algunas cosas carvallescas en Jose... Carvalho, ese pijoaparte de manual...

Hay en la obra un cameo de Jesús, que, por momentos, recuerda al Jesús en el que todos estáis pensando. Y hay un momento terrible en que parece que una vena de la peor violencia, la que se ejerce sobre los inocentes, va a hacer su aparición... "¡No, otro "no llames a casa", no...!" casi gritas... pero la madre -Jose es un Ulises con madre, una madre de tupper, de esas que te amarran a la realidad- resuelve airosamente la situación, y respiras... ni siquiera Llámamenat se merece eso...

Tiene, por último, la novela uno de los finales más abiertos que recuerdo, uno de esos finales que están pidiendo a voces una continuación... una jugarreta del Destino ha roto el vínculo de Jose con su vida anterior: si Musil escribiese su obra ahora la llamaría "El Hombre sin Móvil", y lo dejamos, en dirección al Norte brumoso, en la compañía más sugerente -por la moza- e inquietante-por el mozo- que podamos imaginar, garantía de que sus problemas no sólo no han acabado, sino que acaban de empezar, y ya puedes apostar que nunca alcanzará ese reposo en las verdes praderas de la Bretagne... deja detrás cosas que, algún día, deberá resolver, una búsqueda que, sin duda, tendrá que afrontar, una madre de tupper... ¡porfa, Carlos, no nos dejes así...!

PD: el cabrón con pintas que hay en mí no puede desperdiciar la oportunidad de no pasarle una ni siquiera a Zanón: página 15: "apretando un poco demasiado el embrague": imposible; el Prius es automático... me lo confirma un taxista que conduce uno, un joven educado y leído; le recomiendo "Taxi"... si te he ganado otro "fan" -que seguro, si me hace caso- me perdonarás esta pequeña maldad...












jueves, 5 de octubre de 2017

Sindicalismo para esquiroles: ejemplos prácticos.


Cosas veredes, Sancho, que harán hablar las piedras... (apócrifa, atribuida a Don Quijote, quizás es de su cuñado)

Ha sido para mí motivo de honda satisfacción contemplar el espectáculo de mis excompañeros, funcionarios de la Generalitat de Catalunya, secundando como un solo hombre y una sola mujer, al igual que los heroicos proletarios bolcheviques de la Acería Putilov, ahora vendrá a hacer cien años, una jornada de huelga; si Isona Passola tuviese el temple de Eisenstein, y Lluis Llach el nervio y la furia de Shostakovich, ¡Qué hermosa obra de arte podrían legarnos, urdiendo tan épicos mimbres...!

Y la cosa es mucho más de admirar, porque, cuando yo formaba parte de él -y tampoco hace tantos años de eso- era un colectivo más bien comodón, manso, sufrido, pastueño... y me atribuyo una dosis de culpa, pues en el tiempo en que ejercí de representante sindical, encuadrado en el Sindicato de la Administración de la Generalitat, de Comisiones Obreras, es obvio que fracasé en mis vanos intentos de insuflar conciencia de clase y firmeza revolucionaria en sus corazones y sus mentes, por no mencionar otros órganos donde el vulgo sitúa habitualmente -sin ninguna base científica- dichos sentimientos.

Cuando, después de debatirlo en asambleas a las que solía asistir una fracción mínima de la plantilla, nos decidíamos a convocar una jornada de paro, a la hora del comienzo del horario laboral me constituía en piquete informativo unipersonal, en la puerta de mi Departament, con un fajo de papeles en la mano: era gracioso verme allí, de americana y corbata -no iba a disfrazarme de borroka para la ocasión; iba de diario-, intentando convencer a mis compañeros para que secundasen la jornada de "lucha"... una vez me pilló de esa guisa el Secretario General de la Confereración, José Luís López Bulla -también siempre correctamente vestido, por cierto- y se reía, considerándome "El piquete más elegante que había visto nunca"...

¿Eran efectivos mis esfuerzos...? escasamente... en una de esas ocasiones, poco antes de comenzar la jornada laboral, subí a dejar algo en mi mesa, y, ante mi sorpresa, descubrí que mis compañeros de trabajo se habían conjurado para llegar un cuarto de hora antes -cosa insólita, por cierto- para que, como uno me contó que se había dicho, "El Revi no se enfade..."... allí estaban, charlando y tomando café, sin atreverse a mirarme a los ojos... reconozco que es una de las pocas veces en mi vida en que perdí un poco los papeles, y les grite: "¡Ya que habéis venido para que no os descuenten el día, poneos a trabajar por lo menos, cabrones...!"... no me lo tomaron en cuenta y, en las siguientes elecciones sindicales, me votaron otra vez... y que conste que los sueldos que cobrábamos eran bajos, siempre por debajo de nuestras expectativas, por supuesto, aunque quizás no de nuestros merecimientos, pero no hasta el extremo de que una familia pudiese pasar hambre si, aquel mes, cobraba 29 en vez de 30 días... aunque también es cierto que cuando nos llegaba la nómina con el descuento a los cuatro rojos que habíamos parado, siempre te llevabas el susto... "¿C...., tanto cobro por día...?"

Pues bien; ha sido jubilarme yo -aunque ya hacía años que no ejercía- y esa alegre bandada de esquiroles que saltaban de pino en pino se ha transformado en manada de leones combativos, unidos tras sus sindicatos convocantes - alguno de los cuales ni tan solo me suena-, y han conseguido detener por un día la máquina de la Administración... cierto es, todo hay que decirlo, tras una jornada en que muchos de mis conciudadanos descubrieron, al igual que el joven Buda al abandonar el Palacio de sus padres, una de las crudas verdades de la vida; la policía pega... algunos ya lo sabíamos de antes, yo he visto pegar a policías de diversos regímenes y colores, y aún guardo el recuerdo de una carga de las CRS en las calles del republicano y democrático París que me puso los colgajillos en la garganta, pero, al parecer, para muchos felices mortales -felices hasta aquel día, por lo menos- el Domingo fue su Primera Comunión.

Tras mi asombro y mi admiración, viene mi reflexión... ¿Dónde fallábamos...? ¿En qué nos equivocábamos....? analizo, analizo, y llego a una conclusión, seguramente parcial y errónea... "Quizás, si les hubiésemos dicho que no les iban a descontar el día..."








miércoles, 4 de octubre de 2017

Monarquía Constitucional, para dummies

Más tranquilo mi feisbuck, después de la poda de amigos que me alteraban las coronarias, prosigo con mi verdadera vocación: instruir deleitando...

Del mismo director de "Francisco, el Papa que nos gusta a los ateos", algunos esperaban oir anoche a "Felipe, el Rey de España que gusta a republicanos e independentistas": craso error.

Ser Rey Constitucional es un chollo, no lo negaré; pero no deja de tener sus aspectos negativos: por ejemplo, no estimula nada, pero nada, la creatividad; debes ser repetitivo, predecible, moverte por carriles bien trazados... por eso los discursos de los reyes constitucionales suelen ser anodinos, auténticos coñazos, monumentos al gris.

Lo que hubiese creado una crisis institucional aún más profunda, si cabe, habría sido que, ayer, el rey se saliese de los argumentos y las posturas mantenidas, erre que erre, por el Gobierno de la Nación. Porque al rey, eso es obvio, no lo ha votado nadie, pero el Gobierno expresa una mayoría parlamentaria salida de las urnas. La única mayoría que fue posible. Otra cosa es que uno se pregunte por el por qué de tan curioso fenómeno, pero eso nos llevaría lejos...

¿Es el rey una marioneta...? ¿Es un muñeco de ventrílocuo...? Exactamente, no otra cosa.... la Constitución le añade unas cuantas competencias nominales, pero Dios le libre de intentar ejercerlas... en el Reino Unido, el Discurso anual de la Reina lo escribe el Primer Ministro -o los que le escriben el discurso al Primer Ministro-, todo el mundo lo sabe, nadie se llama a engaño... ella, luego, puede improvisar algo en las inauguraciones de exposiciones de flores, pero tampoco parece que se caliente demasiado los cascos. Ni falta que hace. En la Dinamarca del Norte, los que habéis visto "Borgen" ya sabéis lo que pinta el monarca...

¿Que la situación exigía un pronunciamiento más matizado...? No se me ocurre... a hacer eso, a intervenir un poquito más allá de la Constitución, a lo que tan aficionado era su bisabuelo Alfonso, se llamaba "borbonear": le costó el exilio. Malas lenguas afirman que su padre borboneó a Suárez; del resultado, el 23-F, nos acordamos todos... los que querían que el rey hablase, ayer quedaron satisfechos; hablar, habló. Pero dijo lo que dice el Gobierno, como no podía ser de otra manera... un Presidente de la República Española, con idénticas competencias constitucionales, hubiese dicho exactamente lo mismo. El Manuel Azaña de 1932, no me atrevo a afirmarlo: el de 1938, seguro...

Otra cosa es el tono... este hombre, forzoso es decirlo, no es la alegría de la huerta; no tiene un pelo de campechano... ayer su discurso fue deprimente; tenso, preocupado, no excesivamente seguro... exactamente como estoy yo, por otra parte... a ver si va a ser verdad eso de que está muy bien preparado; cuando, a tu alrededor, todos pierden la cabeza, y tú permaneces sereno, seguramente no has captado la auténtica gravedad de la situación...

Decía ayer un amigo que se había hecho el "Harakiri" en público. Dejando aparte la incorrección del término (se dice "seppuku"), no estoy de acuerdo: si tan bien preparado está, sabe perfectamente que su suerte está ligada, exclusivamente, a la Constitución de 1978; lo único que le separa de la cola del INEM es la vigencia de esa Constitución, y es normal que se obstine en defenderla: si vuelve a haber un consenso constitucional algún día, será en torno a alguna forma de República. Y, ni que decir tiene, yo votaré por ella. Lo cual no impide que, en el momento en que tantos y tantos lo ponen a parir, no considere justo escribir yo estas líneas,  desde mi solidaridad hacia el que es, en última instancia, un hijo de familia disfuncional...




lunes, 2 de octubre de 2017

Hobbes para dummies...

Con las imágenes de descalabrados del 1 de Octubre bien frescas, unas breves reflexiones sobre el tema:

1:- Estado democrático no es aquel que no ejerce violencia física sobre vidas y haciendas de sus ciudadanos; eso sería una ONG, pongo por caso; Estado democrático es el que lo hace única y exclusivamente en forma legítima y proporcional. Y en exclusiva; en un Estado democrático, nadie puede tomarse la justicia por su mano: la justicia -violenta- la monopoliza el Estado; desde el vigilante de zona azul que manda a la grúa para que te retire el coche hasta el Jefe del Estado Mayor de la Defensa que envía los F-18 a bombardear Belgrado. Si lo haces tú, te la cargas...

2.- Legitimidad indica eso, que una ley o una orden judicial son precisas para poder ejercer la violencia: no basta con el libre albedrío o el sentido común de los agentes encargados de, eventualmente, aplicarla. Instrucciones escritas, por favor, siempre que sea posible.

3.- Proporcionalidad; siempre, siempre, proporcionalidad. Y no es fácil navegar en esas aguas... un policía te dice: "¡Circule!"; tú contestas: "¡Vale, vale, pero sin avasallar...!"; el policía te abre la cabeza de un porrazo: mal, no proporcional, tarjeta roja directa. Tú eres moro, llevas un cinturón de botes de coca-cola envueltos en albal, se lo enseñas al policía y gritas: "¡Allahú akbar!"; el policía te cose a tiros; proporcional, claveles en el capó del coche y, tú, ajo y agua...

4.- Defensa; siempre puedes alegar ante la Justicia la falta de proporcionalidad en la respuesta del policía. No lo tienes fácil porque, en éste caso, juega en su favor la presunción de inocencia, eres tú quien tiene que demostrar que se ha pasado... los videos de móvil, y no digamos ya las go-pro- están revolucionando mucho este campo... De todas maneras, si eres moro y te han cosido a tiros, no hay video que valga, chaval...

5.- Todo eso debe saberlo muy bien todo el que vive en un Estado, es decir, todo el mundo. También los que aspiran a montarse estado propio. Pero esos ya lo saben... ¿recordáis en Conseller Puig que salía en "Polònia" con un bate de béisbol..? Deseo que el herido de ayer no pierda su ojo, pero tengamos presente que el primer ojo caído en una calle de Barcelona en democracia fue por culpa de una pelota de los Mossos que, como suele suceder en estos casos, se disparó sola...

6.- Si algún día te toca vivir en un estado no democrático -no lo descartes a priori-, la cosa se agrava: pero, en esencia, sigue siendo lo mismo: te toca correr: en la foto de Paco Elvira, Facultat de Ciéncies Económiques de Barcelona, circa 1970, estoy yo, en la parte baja de la imagen, mirando hacia atrás, corriendo delante de los "grises". El que mandaba a los que mandaban a los que mandaban a aquella gente no había ganado ningunas elecciones, sino una guerra civil, aunque justo es decir que había arrasado en dos referendums, dos... Mucho indocumentado afirma que aún no ha muerto... si fuese verdad, no lo podrían afirmar, por lo menos impunemente... con todos los defectos de lo de ahora, la verdad, me quedo con el Régimen del 78. Hasta hoy, que ya es decir...





viernes, 30 de junio de 2017

Mi vida como gato de Schrödingen

Generalmente, desde que me jubilé, escribo sobre lo que me da la real gana: es un sentimiento muy agradable, de verdad. Hoy voy a hacer una excepción, y escribiré sobre algo que, por gusto, nunca hubiese experimentado; pero las cartas salen como salen, y hay que jugar con ellas, en fin...

El gato de Schrödingen es un curioso felino, lo único que sobre la física cuántica que conocemos los que hemos entrado en contacto con ella a través de Sheldon Cooper: aquí os dejo una explicación de la famosa paradoja...http://www.astromia.com/astronomia/paradojagato.htm, aunque siempre recuerdo el comentario de Penny, desde su filosofía de la Arkansas profunda: "A mi hermano también se le quedó encerrado un gato dentro de un arcón... pero no hizo ninguna falta abrirlo para saber que dentro había un gato muerto..."

La verdad, nunca se me había ocurrido plantearme la paradoja desde el punto de vista del gato, hasta que he descubierto que esa, exactamente, es la situación en que se encuentra cualquier enfermo a la espera de una prueba clínica; tú estás como estás, incluso, muchas veces, sin ninguna molestia física digna de mención: pero sólo el resultado de la prueba, que va corriendo por sus procedimientos propios, que te son enteramente ajenos, te leerá el futuro, te explicará, con bastante claridad, si estás jodido, muy jodido, o extremadamente jodido... abrirá la caja, y el gato estará vivo... o no...

Todo el proceso se inicia cuando, una mañana, en Boltaña, descubro que mi orina es anormalmente oscura. Entre mi dormitorio y los lavabos hay, exactamente, cincuenta y cuatro escalones; no os extrañará que utilice lo que los antiguos llamaban, en bella expresión, "vaso de noche"; no le doy excesiva importancia, pero el fenómeno se repite siete días después; recuerdo un antiguo consejo: "Mea claro, y hazle una higa al médico"; el equivalente moderno de la higa es el dedo  medio tieso, lo que el hijo de una amiga llama "el dedo de insultar"... no, no estoy meando claro, y la prudencia aconseja evitar cualquier gesto ofensivo y comentar el tema con un médico.

Gracias al peculiar sistema sanitario imperante en Catalunya y en buena parte de la España urbana, donde coexisten la sanidad pública y la privada, tengo médicos de cabecera donde elegir; me decido por el que más rápidamente me puede atender, el que corresponde a la mutua privada; desgraciadamente se ha fracturado un brazo, pero me dirigen a una doctora para mí desconocida: es una agradable sorpresa; una señora aún joven, grande y guapa, que me recibe de pie, en la puerta de su consulta, presentándose, sonriendo y mirándome a los ojos: debo decir que la inmensa mayoría de los médicos que llevo tratados en estos días actúan así: yo lo establecería como prueba selectiva para el ingreso en la Facultad de Medicina: en cuarenta años de funcionario, jamás he recibido a nadie en mi despacho sin acogerlo con un saludo y una sonrisa en la puerta...

Tengo dos temas que consultar con la doctora: una persistente tendinitis en el Talón de Aquiles, y el asuntillo de la orina oscura: me ordena un análisis de orina y, curiosamente, dedicamos más rato a la tendinitis, con prácticas de estiramiento... sobre la orina... pueden ser tantas cosas, no adelanta opiniones hasta ver el resultado de los análisis...

El seis de junio termina mi curso de Alemán; lo celebro con mi Lehrerin y mis compañeras con un vermut en mi casa; yo aporto zumo de manzana y, sobre todo, botellas de cerveza blanca, la Weissbier, una de mis favoritas; me bebo dos botellas de medio litro... cuando me despido de mis invitadas, consulto el móvil; tengo disponibles los resultados del análisis: hay sangre, bastante sangre...

Son , más o menos, las dos del mediodía: localizo a mi nueva doctora de cabecera, que me programa una ecografía para las cuatro, dos horas después... con dos litros de agua en mi cuerpo, me tiendo sobre la camilla: el médico, la mirada en la pantalla, va cantando... "Riñones, limpios.... uréteres, limpios... hummm..." al llegar a la vejiga, se ha hecho el silencio... reemprende: "próstata, normal...." me extiende las fotos y el informe, y me aclara... "Aquí, en la vejiga, hay una verruguita, hay que sacarla..." en el informe, "verruguita" se abrevia "Tm", para que quede claro...  en dos horas escasas he pasado de ser un alegre estudiante de Alemán con un litro de Weissbier encima, a ser el feliz propietario de un tumor en la vejiga, seguramente canceroso... me aclara el médico que, en un 90% de casos, lo son,  aunque también en un 90% de casos son poco agresivos...

Mi hermano pequeño acaba de pasar por esa experiencia hace pocos meses; eso me evita hacer lo que tanto odian los médicos; lanzarme en tromba sobre el Google; ya lo hice con mi hermano, y estoy bastante informado sobre el tema...  la visita, cuatro días después, con el urólogo, confirma la impresión: pero aún no puede fijar fecha de operación; tiene pendiente un congreso en Madrid, y prefiere derivarme a otro equipo, que podrá operarme antes; cree que, desde el punto de vista de la enfermedad, un retraso no sería importante, pero se pone en mi lugar...

Así, el 16 de junio me encomiendo al equipo de urólogos que van a atenderme: en esta ocasión, me recibe otra doctora joven, de apellido euskaldún y suave acento criollo: me informa de las posibilidades... "los cánceres de vejiga se dividen en los muy, muy malos -no vamos a hablar de ellos- y la mayoría, que son  muy, muy puñeteros; pueden reproducirse, se limpian, pueden volverse a reproducir..." le expreso mi deseo de que se trate de un cáncer muy, muy puñetero, pero sin mala intención... me fija la fecha de la intervención: veintisiete de junio,,, cuando ya me despedía, me conduce a la mesa de exploraciones... "aún tengo que reconocerte..."... manipula hábilmente mis colgajos y, como despedida, me mete un dedo en el culo... "no te preocupes, tengo la mano muy chiquitita..." la verdad es que ni lo noto...

¿Pueden empeorar las cosas...? ¡Por supuesto...! atravesamos una ola de calor sahariano y, como suele sucederme en esos casos, arrastro un catarro de campeonato... toso sin cesar, tengo algo de fiebre, Blanca está preocupadísima, por si me retrasan aún más la fecha de la intervención... paso diez días tosiendo, sudando, apenas durmiendo, no tengo cabeza casi ni para leer, la programación veraniega de las televisiones es la mierda habitual... me impongo, como disciplina, ir colgando cada día alguna cosilla en el feis... electro plano, plano... el fin de  semana viene mi hija con mi nieto, y celebramos el 90 cumpleaños de mi madre... por lo menos algo me distraigo.

Y llega el día 27... a eso de la una y media de la madrugada, cuando apenas había conciliado el sueño, nos despierta un estruendo que, medio dormido, confundo con un trueno.... pero ha sido dentro de mi casa... de un salto, estoy de pie, y entro en nuestro cuarto de baño; media mampara de la ducha ha estallado, y el suelo está sembrado de miles de fragmentos de cristal, teóricamente de seguridad... "Lo que nos faltaba, un cuarto de baño Swarowsky", pienso... milagrosamente, nos volvemos a dormir.

Preparo el equipaje de clínica... ¿qué se lleva uno a una operación....? neceser, por supuesto, cargador del móvil, alguna camiseta, por si hace frío, ¿calzoncillos...? bueno, por si acaso... unas chanclas... mi yukata, una especie de kimono japonés, voy a ser un postoperado muy elegante... y que no falte un libro; Blanca me ha regalado una novela sobre las vidas de Saint Exupery y sus compañeros, Mermoz y Guillaumet, mi eterna afición a la Aviación, y el recuerdo de sus picos en el Fitzroy... será un buen compañero y, pese a su considerable tamaño, lo devoraré en dos días...

Badaín llega desde Madrid, y ella y Blanca me acompañan a mi habitación. Una habitación para mí solo, con una magnífica vista sobre Barcelona y, especialmente, el Baix Llobregat, L'Hospitalet, donde nacieron mis hijos, Cornellà, de mis primeras y duras experiencias profesionales, la Zona Franca, el puerto, con sus grúas paralizadas por la huelga de estibadores, las pistas del aeropuerto del Prat, con su continuo trasiego de aviones, yendo y viniendo de tantos sitios a donde quiero volver, y, sobre todo, a tantos y tantos sitios que aún me faltan por conocer... y a mis pies, la autovía por la que, las tardes de los viernes, encaro feliz hacia Boltaña... al lado de la clínica está el Colegio Garbí, de la Fundación Pere Vergés, la descendiente directa de mi querida Escola del Mar; enfrente, la Direcció General d'Esports, donde me ofrecieron un trabajo que rechacé por motivos muy fundados... la vida cierra curiosos bucles...

Se abre la puerta y entra un chico joven, sonriente, en tejanos y camiseta; es el doctor que me va a operar; apellido griego, suave acento criollo...  me explica la intervención: intrauretral, resección del tumor... anestesia epidural, sedado, con un poco de suerte, ni me entero... trasmite confianza, y yo soy extremadamente propenso a confiar en la gente...

Pero antes he tenido que pasar por una curiosa experiencia... entre una joven provista de varias maquinillas de afeitar de un sólo uso... "si lo llego a saber, me afeito en casa", le digo... "no se preocupe, hace un momento he tenido que afeitar a otro..." en pocos segundos he dejado atrás la pubertad y observo con desolación el panorama, y el montoncillo de pelos ya grisáceos que se amontonan en el plástico que han puesto bajo mis posaderas... "lávese ahora con betadine... y, cuando le vuelvan a salir, se acordará de mí...", me dice... "Ahora está de moda, ¿verdad...?" acierto a mascullar...

Pero ya está aquí el camillero... me queda ponerme una de esas ridículas batas cortas con el culo al aire, una especie de gorra de baño verde clara, y unos peúcos a juego, de papel, que no sé muy bien para qué van a servirme... la despedida de Blanca y mi hija es rápida y no especialmente dramática, todos estamos deseando que acabe la operación y, francamente, el riesgo quirúrgico es bajo... un par de besos, y ya estoy saliendo de mi habitación con los pies por delante y mi historia clínica sobre las rodillas... el camillero me lleva por los pasillos conversando alegremente, y yo encojo las piernas por precaución, sólo me faltaría ahora una fractura...

Lo que de verdad me sorprende es la entrada en la zona quirúrgica: se abre una compuerta metálica, de dentro sale una oleada de viento frío, mi camilla se encara con el orificio de la compuerta , y es deslizada hacia otra camilla que se encuentra en el interior: entro como barra de pan en el horno del panadero... o como fiambre en el horno crematorio,no puedo dejar de pensar por un momento..

Cientos y cientos de horas de series televisivas sobre hospitales -¡Qué afición...!- me han preparado perfectamente para lo que me espera allí; en una sala grande se afanan cerca de una docena de profesionales vistiendo pijamas azul claro y coloridos gorritos, que parece que ahora se llevan mucho; en diversos estados de conciencia, otra decena de pacientes, en nuestras camillas, esperamos el trance, o nos recuperamos... a la compañera de mi lado, que está ya operada, le dan periódicamente golpecitos en la mejilla... "¡Sandra, Sandra...!"   Estoy por ofrecerme a seguir yo dándole...  "¡Sandra, coño, que estos señores tienen que cogerme a mí...!" Se despierta, y se la llevan, traen a otros... apenas si tenemos tiempo para que nazca entre nosotros una cierta solidaridad, cada uno va muy a lo suyo...   una nueva cara sonriente, el anestesista... me explica cómo va a ir el tema; al entrar en el quirófano, epidural, sedación, y al séptimo cielo...

Entro en el quirófano, quiero decir, me entran... sobre mi cabeza, una deslumbrante lámpara, supongo que de un montón de leds... una vez más, me preguntan qué me van a hacer... "¡Tumor de vejiga!", contesto siempre... supongo que es para comprobar que estoy, como suelen decir, "orientado y consciente"; estoy tentado de decir "¡Cambio de sexo!", sólo por ver qué cara ponen... el anestesista me indica cómo tengo que poner la chepa para la epidural; lo hago a la perfección, me felicita... "!qué bien colaboras, igual que un niño que acaba de nacer, que ha colaborado mucho, os vamos a dar una medalla...!" un poco infantil todo pero, en esos momentos, casi se agradece... noto que algo pesado me entra en la espalda, pero, al mismo tiempo, por la vía me están metiendo otra cosa... y ya no recuerdo más...

De repente, me despierto tiritando de frío... estoy con los brazos en cruz, una talla verde me impide ver qué diablos están haciendo entre mis piernas, pero los oigo hablar entre sí. aunque no entiendo nada... pero, a mi derecha, en un monitor, puedo contemplar el panorama de lo que están viendo ellos; hay unas paredes grises y estriadas, que supongo que son las de la vejiga, una especie de tubo también gris, que va y viene, y un caos rojizo, que imagino que es lo que están cortando... "¡Tengo frío!", acierto a decir... "¡Ponedle calor a este hombre!" dice una voz, me colocan una manta térmica sobre el pecho y un conducto de plástico blanco por el que sale aire caliente... el panorama en el monitor me aburre un poco, me vuelvo a dormir...

Despierto de nuevo en plan Sandra, no noto nada de cintura para abajo... "¡No siento las piernas...!", grita el Rambo que todos llevamos dentro... ni falta que me hace, ya las recuperaré... pasa el rato, y no me mueven, parece ser que faltan camilleros... la sensación, por extraño que parezca, es de aburrimiento, más que de otra cosa... al final, alguien se acuerda de mí, "Subidlo ya, hombre, que lleva despierto mucho rato..." Por el camino, desconecto otra vez, se ve que lo que me han puesto en vena me deja bastante modorro...

La modorra se me pasa de golpe al entrar en la habitación... Blanca, hijos, hermanos -todos- cuñados -bastantes-... se agradece la obra de misericordia -"Visitar enfermos y presos", ¿os acordáis?- y, además te ayuda a sobreactuar un poco... "!Estoy de puta madre, prueba superada...!" me hago un selfie, besos a todos, pero se van enseguida, el AVE espera a los que viven fuera...

Llega el momento del control de daños; de la vejiga, no me duele nada, aunque tampoco sé bien bien cómo duele una vejiga operada; la epidural, poco a poco, va cediendo, empiezo a mover las piernas... pero me veo los tubos de la sonda, y sobre mí cuelgan enormes bolsas de cuatro litros de algo, que supongo suero, con lo que hay que lavarme la vejiga...

Pasa el cirujano... dice las cosas que espero oírle; parece superficial, todo limpio.... peeero... añade algo que no acaba de hacerme tanta gracia; el tumor estaba encima del uréter izquierdo; ha limpiado todo lo que ha visto, cree que no hay nada más... pero prefiere cercionarse; dentro de unos días, cuando baje la inflamación, TAC y descartar que haya empezado a subir uréter arriba.... dos semanitas más de incertidumbre, biopsia aparte...

Se ha hecho de noche, a las once me dan mi primera comida en quince horas, un yogúr natural y pollo a la plancha... he conseguido que me consideren alérgico al tomate, pero por desgracia se han enterado de mi hipertensión, y me han asignado una "dieta cardio"; quiere decir que no voy a probar la sal en dos días, y que incluso me van a negar un mísero croissant para desayunar... desde el punto de vista gastronómico la clínica ha perdido todo interés. Visto lo visto, me duermo, y lo hago de un tirón, hasta cerca de las seis de la mañana...

Transcurre todo el miércoles veintinueve en un absoluto y total aburrimiento... no tengo dolores, pero la sonda molesta, vaya si molesta... aprovecho para leer... el líquido que sale de mi vejiga va pasando del clarete de la Ribera Navarra al pajizo de los blancos con cuerpo... cada vez más transparente... hay algunas visitas, breves, y ya sabéis lo que decía Gracián de lo bueno y breve... vuelve el cirujano, y me confirma que, al día siguiente, fuera sonda y, si consigo mear por medios propios, a casa... "!Mearé!", le digo, sin dudarlo un momento...

Paso la noche casi en vela, entre las molestias de la sonda -por lo menos, han dejado de entrar en mi cuerpo las bolsas de suero; ahora tengo que beber, mucho, pero por el conducto habitual-, y la inquietud por el ratito que supondrá sacármela, así somos de inconsecuentes los humanos... al hacerse de día, oigo el carrito de la enfermera... vamos a proceder al dessondado...

La primera sorpresa es que me desinflan "el globito", que impide que salga de la vejiga: yo, la verdad, ignoraba su existencia, y me he pasado día y medio temiendo arrancármela de un tirón inadvertido... "¡Respire hondo!", me dice, lo hago, y ya está la sonda en su mano... no me despido de ella -de la sonda. quiero decir-, ni falta que me hace...

Ahora toca orinar sin ayudas externas... pero, primero, contemplo con horror el paisaje después de la batalla: el pene no es, para los varones, un órgano cualquiera; es mucho más, ya sabéis que incluso, muchas veces, delegamos en él decisiones de cierta importancia... y la verdad es que el mío, hinchado y enrojecido, ofrece un aspecto deplorable... "!Mire cómo lo tengo!", le digo a una enfermera, levantándome los faldones de la bata... "!Oh!", se le escapa, tapándose la boca con la mano... me siento el tío de la gabardina en un parque público, nunca es tarde para iniciar una carrera de exhibicionista... hay que llamar al cirujano... me dice, por teléfono, que, si no me lo arregla el médico de urgencias, vendrá él, "Y yo te lo arreglo, seguro...."; viene la doctora de urgencias, una señora de mediana edad, curada de espantos... hábilmente maniobra, los pellejos de los que no he prescindido -musulmanes y judíos van a tener razón- vuelven a su lugar, todo resuelto; hago pipí, con molestias, pero hago pipí, cojo la maleta, y salgo de la clínica casi huyendo...

Y así estamos, pendientes de la segunda tanda de pruebas, TAC y biopsia... una cosa sí he comprobado; la mejor cura para una tendinitis del Tendón de Aquiles es un carcinoma de vejiga; del pie ya ni me acuerdo... ahora, una vez más, como el gatito de la caja de Schrödinger, estoy dos cosas a la vez: muy bien -apenas si con alguna molestia al orinar- y muy bien jodido.... pero así es la vida, todos estamos igual, con la diferencia de que yo lo sé... ¿Qué solución queda al filósofo, más que confiar en la suerte....? Ya os lo he contado, me quedo un poco más tranquilo, y me voy a hacer unos udones con pollo y verduritas. Y con sal...