viernes, 30 de junio de 2017

Mi vida como gato de Schrödingen

Generalmente, desde que me jubilé, escribo sobre lo que me da la real gana: es un sentimiento muy agradable, de verdad. Hoy voy a hacer una excepción, y escribiré sobre algo que, por gusto, nunca hubiese experimentado; pero las cartas salen como salen, y hay que jugar con ellas, en fin...

El gato de Schrödingen es un curioso felino, lo único que sobre la física cuántica que conocemos los que hemos entrado en contacto con ella a través de Sheldon Cooper: aquí os dejo una explicación de la famosa paradoja...http://www.astromia.com/astronomia/paradojagato.htm, aunque siempre recuerdo el comentario de Penny, desde su filosofía de la Arkansas profunda: "A mi hermano también se le quedó encerrado un gato dentro de un arcón... pero no hizo ninguna falta abrirlo para saber que dentro había un gato muerto..."

La verdad, nunca se me había ocurrido plantearme la paradoja desde el punto de vista del gato, hasta que he descubierto que esa, exactamente, es la situación en que se encuentra cualquier enfermo a la espera de una prueba clínica; tú estás como estás, incluso, muchas veces, sin ninguna molestia física digna de mención: pero sólo el resultado de la prueba, que va corriendo por sus procedimientos propios, que te son enteramente ajenos, te leerá el futuro, te explicará, con bastante claridad, si estás jodido, muy jodido, o extremadamente jodido... abrirá la caja, y el gato estará vivo... o no...

Todo el proceso se inicia cuando, una mañana, en Boltaña, descubro que mi orina es anormalmente oscura. Entre mi dormitorio y los lavabos hay, exactamente, cincuenta y cuatro escalones; no os extrañará que utilice lo que los antiguos llamaban, en bella expresión, "vaso de noche"; no le doy excesiva importancia, pero el fenómeno se repite siete días después; recuerdo un antiguo consejo: "Mea claro, y hazle una higa al médico"; el equivalente moderno de la higa es el dedo  medio tieso, lo que el hijo de una amiga llama "el dedo de insultar"... no, no estoy meando claro, y la prudencia aconseja evitar cualquier gesto ofensivo y comentar el tema con un médico.

Gracias al peculiar sistema sanitario imperante en Catalunya y en buena parte de la España urbana, donde coexisten la sanidad pública y la privada, tengo médicos de cabecera donde elegir; me decido por el que más rápidamente me puede atender, el que corresponde a la mutua privada; desgraciadamente se ha fracturado un brazo, pero me dirigen a una doctora para mí desconocida: es una agradable sorpresa; una señora aún joven, grande y guapa, que me recibe de pie, en la puerta de su consulta, presentándose, sonriendo y mirándome a los ojos: debo decir que la inmensa mayoría de los médicos que llevo tratados en estos días actúan así: yo lo establecería como prueba selectiva para el ingreso en la Facultad de Medicina: en cuarenta años de funcionario, jamás he recibido a nadie en mi despacho sin acogerlo con un saludo y una sonrisa en la puerta...

Tengo dos temas que consultar con la doctora: una persistente tendinitis en el Talón de Aquiles, y el asuntillo de la orina oscura: me ordena un análisis de orina y, curiosamente, dedicamos más rato a la tendinitis, con prácticas de estiramiento... sobre la orina... pueden ser tantas cosas, no adelanta opiniones hasta ver el resultado de los análisis...

El seis de junio termina mi curso de Alemán; lo celebro con mi Lehrerin y mis compañeras con un vermut en mi casa; yo aporto zumo de manzana y, sobre todo, botellas de cerveza blanca, la Weissbier, una de mis favoritas; me bebo dos botellas de medio litro... cuando me despido de mis invitadas, consulto el móvil; tengo disponibles los resultados del análisis: hay sangre, bastante sangre...

Son , más o menos, las dos del mediodía: localizo a mi nueva doctora de cabecera, que me programa una ecografía para las cuatro, dos horas después... con dos litros de agua en mi cuerpo, me tiendo sobre la camilla: el médico, la mirada en la pantalla, va cantando... "Riñones, limpios.... uréteres, limpios... hummm..." al llegar a la vejiga, se ha hecho el silencio... reemprende: "próstata, normal...." me extiende las fotos y el informe, y me aclara... "Aquí, en la vejiga, hay una verruguita, hay que sacarla..." en el informe, "verruguita" se abrevia "Tm", para que quede claro...  en dos horas escasas he pasado de ser un alegre estudiante de Alemán con un litro de Weissbier encima, a ser el feliz propietario de un tumor en la vejiga, seguramente canceroso... me aclara el médico que, en un 90% de casos, lo son,  aunque también en un 90% de casos son poco agresivos...

Mi hermano pequeño acaba de pasar por esa experiencia hace pocos meses; eso me evita hacer lo que tanto odian los médicos; lanzarme en tromba sobre el Google; ya lo hice con mi hermano, y estoy bastante informado sobre el tema...  la visita, cuatro días después, con el urólogo, confirma la impresión: pero aún no puede fijar fecha de operación; tiene pendiente un congreso en Madrid, y prefiere derivarme a otro equipo, que podrá operarme antes; cree que, desde el punto de vista de la enfermedad, un retraso no sería importante, pero se pone en mi lugar...

Así, el 16 de junio me encomiendo al equipo de urólogos que van a atenderme: en esta ocasión, me recibe otra doctora joven, de apellido euskaldún y suave acento criollo: me informa de las posibilidades... "los cánceres de vejiga se dividen en los muy, muy malos -no vamos a hablar de ellos- y la mayoría, que son  muy, muy puñeteros; pueden reproducirse, se limpian, pueden volverse a reproducir..." le expreso mi deseo de que se trate de un cáncer muy, muy puñetero, pero sin mala intención... me fija la fecha de la intervención: veintisiete de junio,,, cuando ya me despedía, me conduce a la mesa de exploraciones... "aún tengo que reconocerte..."... manipula hábilmente mis colgajos y, como despedida, me mete un dedo en el culo... "no te preocupes, tengo la mano muy chiquitita..." la verdad es que ni lo noto...

¿Pueden empeorar las cosas...? ¡Por supuesto...! atravesamos una ola de calor sahariano y, como suele sucederme en esos casos, arrastro un catarro de campeonato... toso sin cesar, tengo algo de fiebre, Blanca está preocupadísima, por si me retrasan aún más la fecha de la intervención... paso diez días tosiendo, sudando, apenas durmiendo, no tengo cabeza casi ni para leer, la programación veraniega de las televisiones es la mierda habitual... me impongo, como disciplina, ir colgando cada día alguna cosilla en el feis... electro plano, plano... el fin de  semana viene mi hija con mi nieto, y celebramos el 90 cumpleaños de mi madre... por lo menos algo me distraigo.

Y llega el día 27... a eso de la una y media de la madrugada, cuando apenas había conciliado el sueño, nos despierta un estruendo que, medio dormido, confundo con un trueno.... pero ha sido dentro de mi casa... de un salto, estoy de pie, y entro en nuestro cuarto de baño; media mampara de la ducha ha estallado, y el suelo está sembrado de miles de fragmentos de cristal, teóricamente de seguridad... "Lo que nos faltaba, un cuarto de baño Swarowsky", pienso... milagrosamente, nos volvemos a dormir.

Preparo el equipaje de clínica... ¿qué se lleva uno a una operación....? neceser, por supuesto, cargador del móvil, alguna camiseta, por si hace frío, ¿calzoncillos...? bueno, por si acaso... unas chanclas... mi yukata, una especie de kimono japonés, voy a ser un postoperado muy elegante... y que no falte un libro; Blanca me ha regalado una novela sobre las vidas de Saint Exupery y sus compañeros, Mermoz y Guillaumet, mi eterna afición a la Aviación, y el recuerdo de sus picos en el Fitzroy... será un buen compañero y, pese a su considerable tamaño, lo devoraré en dos días...

Badaín llega desde Madrid, y ella y Blanca me acompañan a mi habitación. Una habitación para mí solo, con una magnífica vista sobre Barcelona y, especialmente, el Baix Llobregat, L'Hospitalet, donde nacieron mis hijos, Cornellà, de mis primeras y duras experiencias profesionales, la Zona Franca, el puerto, con sus grúas paralizadas por la huelga de estibadores, las pistas del aeropuerto del Prat, con su continuo trasiego de aviones, yendo y viniendo de tantos sitios a donde quiero volver, y, sobre todo, a tantos y tantos sitios que aún me faltan por conocer... y a mis pies, la autovía por la que, las tardes de los viernes, encaro feliz hacia Boltaña... al lado de la clínica está el Colegio Garbí, de la Fundación Pere Vergés, la descendiente directa de mi querida Escola del Mar; enfrente, la Direcció General d'Esports, donde me ofrecieron un trabajo que rechacé por motivos muy fundados... la vida cierra curiosos bucles...

Se abre la puerta y entra un chico joven, sonriente, en tejanos y camiseta; es el doctor que me va a operar; apellido griego, suave acento criollo...  me explica la intervención: intrauretral, resección del tumor... anestesia epidural, sedado, con un poco de suerte, ni me entero... trasmite confianza, y yo soy extremadamente propenso a confiar en la gente...

Pero antes he tenido que pasar por una curiosa experiencia... entre una joven provista de varias maquinillas de afeitar de un sólo uso... "si lo llego a saber, me afeito en casa", le digo... "no se preocupe, hace un momento he tenido que afeitar a otro..." en pocos segundos he dejado atrás la pubertad y observo con desolación el panorama, y el montoncillo de pelos ya grisáceos que se amontonan en el plástico que han puesto bajo mis posaderas... "lávese ahora con betadine... y, cuando le vuelvan a salir, se acordará de mí...", me dice... "Ahora está de moda, ¿verdad...?" acierto a mascullar...

Pero ya está aquí el camillero... me queda ponerme una de esas ridículas batas cortas con el culo al aire, una especie de gorra de baño verde clara, y unos peúcos a juego, de papel, que no sé muy bien para qué van a servirme... la despedida de Blanca y mi hija es rápida y no especialmente dramática, todos estamos deseando que acabe la operación y, francamente, el riesgo quirúrgico es bajo... un par de besos, y ya estoy saliendo de mi habitación con los pies por delante y mi historia clínica sobre las rodillas... el camillero me lleva por los pasillos conversando alegremente, y yo encojo las piernas por precaución, sólo me faltaría ahora una fractura...

Lo que de verdad me sorprende es la entrada en la zona quirúrgica: se abre una compuerta metálica, de dentro sale una oleada de viento frío, mi camilla se encara con el orificio de la compuerta , y es deslizada hacia otra camilla que se encuentra en el interior: entro como barra de pan en el horno del panadero... o como fiambre en el horno crematorio,no puedo dejar de pensar por un momento..

Cientos y cientos de horas de series televisivas sobre hospitales -¡Qué afición...!- me han preparado perfectamente para lo que me espera allí; en una sala grande se afanan cerca de una docena de profesionales vistiendo pijamas azul claro y coloridos gorritos, que parece que ahora se llevan mucho; en diversos estados de conciencia, otra decena de pacientes, en nuestras camillas, esperamos el trance, o nos recuperamos... a la compañera de mi lado, que está ya operada, le dan periódicamente golpecitos en la mejilla... "¡Sandra, Sandra...!"   Estoy por ofrecerme a seguir yo dándole...  "¡Sandra, coño, que estos señores tienen que cogerme a mí...!" Se despierta, y se la llevan, traen a otros... apenas si tenemos tiempo para que nazca entre nosotros una cierta solidaridad, cada uno va muy a lo suyo...   una nueva cara sonriente, el anestesista... me explica cómo va a ir el tema; al entrar en el quirófano, epidural, sedación, y al séptimo cielo...

Entro en el quirófano, quiero decir, me entran... sobre mi cabeza, una deslumbrante lámpara, supongo que de un montón de leds... una vez más, me preguntan qué me van a hacer... "¡Tumor de vejiga!", contesto siempre... supongo que es para comprobar que estoy, como suelen decir, "orientado y consciente"; estoy tentado de decir "¡Cambio de sexo!", sólo por ver qué cara ponen... el anestesista me indica cómo tengo que poner la chepa para la epidural; lo hago a la perfección, me felicita... "!qué bien colaboras, igual que un niño que acaba de nacer, que ha colaborado mucho, os vamos a dar una medalla...!" un poco infantil todo pero, en esos momentos, casi se agradece... noto que algo pesado me entra en la espalda, pero, al mismo tiempo, por la vía me están metiendo otra cosa... y ya no recuerdo más...

De repente, me despierto tiritando de frío... estoy con los brazos en cruz, una talla verde me impide ver qué diablos están haciendo entre mis piernas, pero los oigo hablar entre sí. aunque no entiendo nada... pero, a mi derecha, en un monitor, puedo contemplar el panorama de lo que están viendo ellos; hay unas paredes grises y estriadas, que supongo que son las de la vejiga, una especie de tubo también gris, que va y viene, y un caos rojizo, que imagino que es lo que están cortando... "¡Tengo frío!", acierto a decir... "¡Ponedle calor a este hombre!" dice una voz, me colocan una manta térmica sobre el pecho y un conducto de plástico blanco por el que sale aire caliente... el panorama en el monitor me aburre un poco, me vuelvo a dormir...

Despierto de nuevo en plan Sandra, no noto nada de cintura para abajo... "¡No siento las piernas...!", grita el Rambo que todos llevamos dentro... ni falta que me hace, ya las recuperaré... pasa el rato, y no me mueven, parece ser que faltan camilleros... la sensación, por extraño que parezca, es de aburrimiento, más que de otra cosa... al final, alguien se acuerda de mí, "Subidlo ya, hombre, que lleva despierto mucho rato..." Por el camino, desconecto otra vez, se ve que lo que me han puesto en vena me deja bastante modorro...

La modorra se me pasa de golpe al entrar en la habitación... Blanca, hijos, hermanos -todos- cuñados -bastantes-... se agradece la obra de misericordia -"Visitar enfermos y presos", ¿os acordáis?- y, además te ayuda a sobreactuar un poco... "!Estoy de puta madre, prueba superada...!" me hago un selfie, besos a todos, pero se van enseguida, el AVE espera a los que viven fuera...

Llega el momento del control de daños; de la vejiga, no me duele nada, aunque tampoco sé bien bien cómo duele una vejiga operada; la epidural, poco a poco, va cediendo, empiezo a mover las piernas... pero me veo los tubos de la sonda, y sobre mí cuelgan enormes bolsas de cuatro litros de algo, que supongo suero, con lo que hay que lavarme la vejiga...

Pasa el cirujano... dice las cosas que espero oírle; parece superficial, todo limpio.... peeero... añade algo que no acaba de hacerme tanta gracia; el tumor estaba encima del uréter izquierdo; ha limpiado todo lo que ha visto, cree que no hay nada más... pero prefiere cercionarse; dentro de unos días, cuando baje la inflamación, TAC y descartar que haya empezado a subir uréter arriba.... dos semanitas más de incertidumbre, biopsia aparte...

Se ha hecho de noche, a las once me dan mi primera comida en quince horas, un yogúr natural y pollo a la plancha... he conseguido que me consideren alérgico al tomate, pero por desgracia se han enterado de mi hipertensión, y me han asignado una "dieta cardio"; quiere decir que no voy a probar la sal en dos días, y que incluso me van a negar un mísero croissant para desayunar... desde el punto de vista gastronómico la clínica ha perdido todo interés. Visto lo visto, me duermo, y lo hago de un tirón, hasta cerca de las seis de la mañana...

Transcurre todo el miércoles veintinueve en un absoluto y total aburrimiento... no tengo dolores, pero la sonda molesta, vaya si molesta... aprovecho para leer... el líquido que sale de mi vejiga va pasando del clarete de la Ribera Navarra al pajizo de los blancos con cuerpo... cada vez más transparente... hay algunas visitas, breves, y ya sabéis lo que decía Gracián de lo bueno y breve... vuelve el cirujano, y me confirma que, al día siguiente, fuera sonda y, si consigo mear por medios propios, a casa... "!Mearé!", le digo, sin dudarlo un momento...

Paso la noche casi en vela, entre las molestias de la sonda -por lo menos, han dejado de entrar en mi cuerpo las bolsas de suero; ahora tengo que beber, mucho, pero por el conducto habitual-, y la inquietud por el ratito que supondrá sacármela, así somos de inconsecuentes los humanos... al hacerse de día, oigo el carrito de la enfermera... vamos a proceder al dessondado...

La primera sorpresa es que me desinflan "el globito", que impide que salga de la vejiga: yo, la verdad, ignoraba su existencia, y me he pasado día y medio temiendo arrancármela de un tirón inadvertido... "¡Respire hondo!", me dice, lo hago, y ya está la sonda en su mano... no me despido de ella -de la sonda. quiero decir-, ni falta que me hace...

Ahora toca orinar sin ayudas externas... pero, primero, contemplo con horror el paisaje después de la batalla: el pene no es, para los varones, un órgano cualquiera; es mucho más, ya sabéis que incluso, muchas veces, delegamos en él decisiones de cierta importancia... y la verdad es que el mío, hinchado y enrojecido, ofrece un aspecto deplorable... "!Mire cómo lo tengo!", le digo a una enfermera, levantándome los faldones de la bata... "!Oh!", se le escapa, tapándose la boca con la mano... me siento el tío de la gabardina en un parque público, nunca es tarde para iniciar una carrera de exhibicionista... hay que llamar al cirujano... me dice, por teléfono, que, si no me lo arregla el médico de urgencias, vendrá él, "Y yo te lo arreglo, seguro...."; viene la doctora de urgencias, una señora de mediana edad, curada de espantos... hábilmente maniobra, los pellejos de los que no he prescindido -musulmanes y judíos van a tener razón- vuelven a su lugar, todo resuelto; hago pipí, con molestias, pero hago pipí, cojo la maleta, y salgo de la clínica casi huyendo...

Y así estamos, pendientes de la segunda tanda de pruebas, TAC y biopsia... una cosa sí he comprobado; la mejor cura para una tendinitis del Tendón de Aquiles es un carcinoma de vejiga; del pie ya ni me acuerdo... ahora, una vez más, como el gatito de la caja de Schrödinger, estoy dos cosas a la vez: muy bien -apenas si con alguna molestia al orinar- y muy bien jodido.... pero así es la vida, todos estamos igual, con la diferencia de que yo lo sé... ¿Qué solución queda al filósofo, más que confiar en la suerte....? Ya os lo he contado, me quedo un poco más tranquilo, y me voy a hacer unos udones con pollo y verduritas. Y con sal...

                                                                    









lunes, 22 de mayo de 2017

Montauban, un mercado, una boda y una tumba..

A cincuenta kilómetros de Toulouse, Montauban, una Toulouse pequeñita...





A orillas del Tarn, que es aquí un pacífico río de llanura que ya ni se acuerda de sus gorges; tierra buena, honda, la roca debe estar muchos metros más abajo... por eso se construye con ladrillo, el ladrillo rojo, que da su nombre a estas tres ciudades, Toulouse -que no vamos a visitar esta vez-, Albi y Montauban...



Llegamos en pleno mercado del Sábado por la mañana... hacia allá vamos, como atraídos por un imán: un mercado francés es siempre un lugar digno de visitar, lleno de tentaciones, a las que difícil es resistirse: boulangeries con los panes más insospechados, y todos excelentes, fromageries temáticas; la de cabra la de oveja, la de vaca, con una vaquita de peluche para que no haya dudas... compramos para cenar en el turismo rural donde nos alojamos; la expedición ha quedado reducida a cinco: Nieves y Jesús, nuestros amigos de Sieste y la Ribera del Ebro, médicos. buena compañía para un hipocondriaco como yo, Marithé, boltañesa recriada en Francia, que vive a pocos kilómetros de aquí, Blanca y yo... no es la primera vez que viajamos juntos, un buen equipo... frutas y lègumes de todos los tipos, unos espárragos que Jesús reconoce que tienen muy buena pinta, unas cerezas -aquí el experto soy yo- que, la verdad, ni fu ni fa, y unos fresones, o fresas, vaya usted a saber, de tamaño intermedio, bicónicas, de un aroma y un sabor excepcionales... en un chiringuito, un alegre chacinero fríe en un hornillo una especie de longaniza (en Aragón) o butifarra (en Cataluña); las tiene también envasadas al vacío, con una etiqueta donde pone, en letras grandes, "Narcord": "¿Eso se llama "Narcord"?", pregunto, en mi mejor Francés... "No, no, Narcord soy yo, eso es... du porc, cerdo..", me contesta el buen hombre...


En un rincón, junto al mercado, un "vide-grènier", una venta de trastos procedentes de los desvanes, las falsas... siempre busco, intentando dar con alguna joya, pero solo hay eso, trastos, zarrios... Pero no son como los nuestros; nosotros tenemos botijos, pucheros rotos, esquillas y cepos zorreros; ellos, además, bailarinas descascarilladas de falsa porcelana de Sevres, cajas de pilules de metal esmaltado en colores, ceniceritos, condecoraciones republicanas, cosas de ganchillo... son trastos de país rico, cursis, pero hay que ser rico para llegar a ser cursi...

La Catedral es fea. punto; Montauban fue villa hugonota, la Catedral no sé si lo es, o es católica, pero tiene ese aire severo, desprovisto de adornos, tan característico de la Reforma: por el contrario su antigua Plaza Real, ahora Plaza de la Nación, armónica, en ladrillo rojo, con hondos soportales dobles, es señorial y hermosa; comeremos en una calle vecina, en una mesita de reducidas dimensiones, como es habitual en Francia, pero viendo pasar a la gente, y a la sombra, en un día en que el Sol empieza a apretar, saliendo entre las nubes.




Una vez más, me encanta el raciocinio aplicado a la hostelería; parece que las cartas las haya redactado el mismísimo Descartes, quizás de ahí viene el nombre; tienes tus "formules", de entrante, plato principal -"du jour", que siempre tiene varias opciones- y postre: puedes elegir el tout complet, un entrante y postre, un entrante y plat du jour, un plat du jour, con buen acompañamiento, y postre... con diferentes precios, por supuesto... y, encima de la mesa, la carafe d'eau, perfectamente potable, y gratuita... nada que ver con nuestros rígidos menús de dos platazos y postre, que pagas si o no (siempre convenzo a mis acompañantes para que lo pidan, así como postre doble), o, en el mejor de los casos, te lo cambian por el café, como si valiesen lo mismo...

Después de comer nos acercamos al río, y pasamos por la puerta del Ayuntamiento, en el momento en que empieza a llegar una alegre caravana de coches adornados con flores y lazos de gasa: por supuesto es una boda. Una boda de argelinos. Los chicos, altos y guapos, enfundados en trajes negros con camisa blanca y corbata, tocan panderos; las chicas, morenas, guapísimas, bailan y lanzan gritos tradicionales; se ve alguna chilaba, algún velo, entre la gente mayor... un caballero anciano viste de chilaba blanca y casquete... pero es una boda francesa, republicana, con alcalde -o concejal- con su franja tricolor, leyendo artículos del Código de Napoleón... sus antepasados, obviamente, no son los galos, ni comían jabalí -¡jalufo, jalufo!-, pero son la Francia de hoy y, obviamente la del mañana. Y lo siento, doña Marina, pero eso es lo que hay, y bien contenta puede estar, que han dado al Mundo un Zidane del que, por cierto, poco contentos están hoy mis conciudadanos barceloneses...

Al coche, una vez más, y un corto recorrido hasta el Cementerio de Montauban el objetivo sentimental de mi visita: los cementerios franceses son minerales, feos, suelo empedrado, tumbas de piedra, generalmente artificial, cemento... pocos árboles, siempre cipreses... nada que ver con los vegetales Friedhöfe alemanes, tan verdes, tan mulliditos, que te quedarías... eso sí, han tenido el buen detalle de bautizar a las calles con nombres de pájaros; "Les merles", "les mésonges"... cuando se acaban los pájaros, al fondo del cementerio, una pequeña bandera republicana -española, quiero decir; en Francia todas son republicanas, claro- nos indica que estamos ante la tumba de Don Manuel Azaña Díaz, Presidente que fue de la República, hasta su exilio y dimisión en 1939.



Me doy cuenta, demasiado tarde, de que nunca me he aprendido la letra del Himno de Riego; me sé de corrido la música, que la Ronda de Boltaña siempre toca en sus actuaciones, pero sólo recuerdo el estribillo: "¡Soldados, la Patria nos llama a la lid/juremos por ella vencer o morir!"; y aquella otra estrofa que me enseñaba mi abuela Encarnación, malagueña y de familia liberal, que la habría recibido casi de testigos presenciales: "Si Torrijos murió fusilado/no murió ni por vil ni traidor/que murió con la espada en la mano/defendiendo la Constitución..." así me veo yo, defendiendo la Constitución... en España no tenemos suerte con los himnos: el de ahora, se silba o tararea -unos lo tararean, otros lo silban-, el más cantado, el "Cara al Sol", era un poema de madrileños de familia bien, y la gente no entendía la letra... "Impasible el ademán...", y oían y repetían "¡Imposible, el Alemán..!", se lo cuento a mi profesora, Anette, y se muere de risa... "Ach so, imposible, ja...!" Pero al Presidente hay que rendirle honores, y le canto lo que puedo...

Si vamos a ver, es una pequeña vergüenza tenerlo aquí, en tierra extraña, que lo acogió un poco a contrapelo, y donde murió a los sesenta años, un chaval, yo creo que de pena... pero es casi mejor dejarlo debajo de un no demasiado afortunado monumento, una especie de llamas o estalactitas transparentes, de metacrilato, traspasadas por otra roja, demasiado evidente la sangre... España, incluso la España de ahora, es un choque, un sobreestímulo demasiado fuerte para un espíritu sereno y reflexivo como el suyo; de los problemas que dejó, sólo se han arreglado, precisamente, dos de los que más lo trajeron de cráneo: los jornaleros -en Casas Viejas, los que no han emigrado, cobran el PER-, y el Ejército, definitivamente democratizado y civilizado, yo creo que gracias a la OTAN, con la de carteles que llegué a pegar en su contra... pero los curas siguen haciendo de las suyas -si se enterase de lo de la concertada, él que acabó de los colegios de frailes hasta el pirulo de la boina...-, y Cataluña... después de defender fogosamente el Estatut d'Autonomía, su calvario durante la Guerra Civil se vio enturbiado por la deslealtad sediciosa de Companys y los bandazos internos de un Partido Socialista escindido en facciones irreconciliables... ¿Os suena...?

Descanse usted, Don Manuel, por allá abajo seguimos, a trancas y barrancas... consuélese con sus palabras escritas sobre su lápida: Paz, Piedad y Perdón... en eso estamos, aunque no todos los días... amén.






miércoles, 17 de mayo de 2017

L'Ariège: de osos, maquis y semillas reales...

L'Ariège es mi agujero negro de los Pirineos. Injustamente, añado...




Subes al Port d'Envalira atravesando resorts de esquí que parecen calles de suburbios urbanos, con algún toquecito de piedra y madera, para que no se diga... tienes frente a ti el circo donde nace el Valira, había olvidado lo bello de ese lugar... tengo intención de subir al viejo Port, por la antigua carretera, pero me parece que va a descargar una tormenta de narices -luego queda en nada-, y opto por el túnel, aunque supongo que será bastante caro... dos o tres minutos bajo las rocas de Pyrene, y al salir...

¡Mocé, parece que hubieses atravesado el Túnel del Tiempo, no el d'Envalira!: al otro lado, laderas de pastos sin fin, hacia el fondo de un estrecho valle, por una carretera que podría ser una antigua calzada romana asfaltada... y ni un alma, nadie, ninguno... algún coche aparcado cerca de una cabaña pastoril, una señal indicando el desvío hacia unas pistas de esquí que se imaginan, pero no se ven... donde antes todo era cemento, iniciativa empresarial y riqueza imponible, hay ahora tan sólo soledad, calma y, seguramente, subvenciones europeas.

Estamos entrando en L'Ariège: es mi agujero negro en los Pirineos: a espaldas de Andorra, el Pallars Sobirà y La Val d'Aran, kilómetros de montaña y bosque que he rodeado muchas veces, pero nunca recorrido... curiosamente, la primera vez que salí de España lo hice siguiendo este mismo camino, en un viaje familiar desde Andorra a -destino habitual de las familias cristianas de le época- Lourdes... me hacía tanta ilusión, que preparé el trayecto etapa a etapa, dibujando el mapa: Ax les Thermes, Foix, Saint Girons, Saint Gaudens... deseoso de practicar mi Francés, todos lo estábamos... creo que fue en esta ocasión cuando mi hermana Pilar saludó con un ceremonioso "Bonjour, Madame!" a un bigotudo y sorprendido gendarme... luego resultaba que cada pueblo estaba lleno de exiliados o emigrantes -o las dos cosas- españoles, que nos recibían al grito de "¡Paisaaaanos..!", aunque supiesen que veníamos de la España Franquista, que les negaba el Pan y la Libertad.

L'Ariège es tierra de maquis -de maquisards- y de osos... en sus montañas, en sus bosques, se escondían los que luchaban contra los ocupantes alemanes o, simplemente, huían del Servicio de Trabajo Obligatorio, que pretendía que sustituyesen en sus fábricas a los obreros alemanes que estaban luchando en el Este... luego, en la práctica, resultaba que muchas veces también los sustituían bajo los tibios edredones de las semidesiertas camas conyugales, pero aún así el atractivo del STO era más bien escaso... los primeros maquisards eran excombatientes españoles, que ya tenían muy claro cómo las gastaba el Nuevo Orden Europeo, que a su olor de grasa de armas y pies sudados en botas altas añadía en España el menos tranquilizador aún de cirios, incienso y sotanas mal lavadas.



Los nazis perdieron la guerra en Rusia, los maquisards salieron del bosque y se transformaron en alcaldes de pueblo con banda tricolor y condecoración en la solapa... y ahora están ocupando su lugar los osos, traídos de Eslovenia... deseo con todas mis fuerzas que nunca más vuelva a haber maquis en los Pirineos, que todo el Mundo y le Monde pueda defender pacíficamente sus ideas, sin necesidad de  empuñar la Sten, pero estoy absolutamente a favor del Oso, mi tótem, ese bicho gordo, tragón y huraño con el que tanto me identifico... de acuerdo; de vez en cuando, se le va la mano y se carga alguna oveja, y estoy a favor de que quienes viven de la ganadería sean regiamente compensados por las molestias que puedan causarles los osos; pero su presencia en los bosques, la mera sospecha de que por allí ha podido pasar un oso... nos hace recuperar el encanto de la Naturaleza primigenia, un poco cabrona a veces, justo es reconocerlo, pero pura, libre, inocente, materna y virginal a la vez.

"¿Te gustaría encontrarte en el bosque con un oso...?", me preguntan sus detractores... según y como, depende de la distancia... pero a él tampoco le interesa, para nada, encontrarse conmigo, sin saber si soy un pacífico ecopijo o un depredador como Don Manuel Fraga Iribarne, que gloria haya, deseoso de hacerse un llavero con su "os penis", el huesecillo que tienen los osos dentro de la picha, o, sin ir más lejos, como nuestro campechano Rey Emérito... además, bien mirado, tengo un amigo que ha cazado un oso -negro, pero oso- en Canadá, mientras, que yo sepa, ningún oso ha cazado nunca a ningún amigo mío, ni tan siquiera a un conocido, y eso que les podría dar ideas...



Ax les Thermes es a donde me gustaría que me llevase en una sillita de ruedas mi cuidador andino cuando esté bastante más cascado que ahora: parece aburrido de narices, pero plácido, agradable, limpito, con un casino que prefiero no imaginarme, lleno de señoras gastándose la pensión en las maquinitas, unos baños -termales, por supuesto- con cierto aire decadente, pero actualizados y funcionales, y restaurantes con mesitas al sol y a la sombra,  animados y acogedores... comemos en uno de ellos; nos atienden dos chicas muy jóvenes, una nos confiesa que es su primer día de trabajo... son agradables, son monillas, tienen un delantal y un PDA, pero ni idea de lo que se traen entre manos... corre la falsa creencia de que para camarero vale cualquiera dispuesto a trabajar muchas horas por poco dinero: falso: cualquiera -y a la vista está- vale para ministro, pero un buen camarero es una rara joya; bueno, hacen lo que pueden... el plat du jour es un estofado de cordero... os apuesto lo que queráis a que es imposible encontrar en Sobrarbe un restaurante donde ofrezcan estofado de cordero, y será por falta de corderos... éste me recuerda a los que hacía, un día sí y otro no, mi tía Encarnación... por desgracia, lo acompañan de una ratatouille con bien de tomate, que aparto con gesto ofendido... para beber, una Pelfort; en tres días probaré cervezas muy distintas, pero esta, de un cierto aire alemán -o alsaciano, no la liemos- me sabe de maravilla.



Foix -ese pueblo grande, o ciudad pequeña, que nunca sabemos si pronunciar "Foij" o "Fuá"- es nuestra segunda y última etapa en Ariège: tiene una gran periferia de Carrefours y naves industriales, y un casco antiguo agradable y apañado, dominado por el castillo de sus Condes: y ahí se centra mi atención, porque la Casa Condal de Foix- o de Fuá- pudo haber cambiado muchas cosas...

Al fallecer Doña Isabel la Católica, rompiéndose así la imagen que los viejos asociamos al llorado billete de Mil Pesetas, su aún relativamente joven viudo, Don Fernando, el Ligeramente Menos Católico, contrajo matrimonio con Doña Germana de Foix, hija de los condes, y prima del rey de Francia, conprometiéndose a nombrar heredero al posible hijo que tuvieran. Se hubiese deshecho así la unión entre Castilla y Aragón, pivotando el nuevo eje de alianzas hacia el Poderoso Vecino del Norte, que se suponía -sin fundamento alguno- menos voraz que el Poderoso Vecino del Sur.

Si la semilla del Rey, vertida tan generosamente en tantos lugares agradables y acogedores, hubiese conservado un cierto potencial, la Historia hubiese dado un giro sorprendente, y hoy Castilla -capital, Lisboa- y Aragón -capital, Valencia- podrían ser Estados vecinos y amigos, e intercambiarse votos en el Festival de Eurovisión... pero el zagal que tuvieron duró horas... podría haber sido también rey de Nápoles, y hoy una poderosa Camorra aragonesa explotaría oportunidades de negocio más o menos turbio en los Cinco Continentes... pero lo históricamente más probable es que Aragón, sin los Tercios castellanos y el Oro de Indias, hubiese entrado indefectiblemente en el campo gravitatorio del poderoso vecino del Norte; hoy, por ejemplo, Boltagne podría ser la capital del Dèpartement de Cinqué et Ará, llena de Écoles et Lycées republicanos y laicos, hablaríamos poniendo los morros en forma de acento circunflejo, podríamos comer fromages et fuás y beber vin rouge sin que se nos alterase el colesterol, y todas las señoras llevarían lingerie noire de dentelles...

Barajando esas posibilidades, desde la triste situación presente -sin más dentelle noire que la mantilla de la Cospedal el día del Corpus- paseamos por las calles de Foix o Fuá, recordando cómo continuó la insólita historia de Doña Germana; cuentan las malas lenguas -y la Wiki lo recoge- que Don Fernando, intentando mejorar sus perfomances reproductivas, abusó de determinadas infusiones de hierbas, y dejó viudita joven a Doña Germana, encomendándola, eso sí, a los cuidados de su nieto Carlos Primero; y afirman que, cuando llegó el germánico rey y futuro Kaiser, encontró a Doña Germana -su abuelastra- sumamente apetecible, y tuvo con ella más que palabras... ¡Caramba, Don Karl, eso no era una MILF, era toda una GILF...! De aquellos amores locos -"verrückt", si había un alemán por medio- tuvo Doña Germana una hija, y, para cubrir el expediente, la casó el Emperador con un noble tedesco de su séquito, de Brandenburgo, nada menos... que tampoco le duró demasiado a Doña Germana -que, por lo visto, tenía un peligro....-, viéndose obligado el buen Karl a buscarle nuevo marido, y hacerlos virreyes de Valencia, donde acabó sus días, fundando conventos y pasteleando a troche y moche en la política valenciana, que ya apuntaba maneras...

El coche nos espera, y aún quedan kilómetros hasta la Chambre d'Hôtes que nos aguarda, más al Norte, ya en el corazón del Midi...






lunes, 15 de mayo de 2017

Andorra, Capital dels Pirineus

No es infrecuente que mis viajes -excursiones, en este caso, está muy cerca- acaben enredándose con la Historia, con mayúsculas, o con mi pequeña historia personal...








"Andorra, capital dels Pirineus", proclama, orgulloso, el ticket del parking en cuya quinta planta -ya no sé si aérea o subterránea- acabo de dejar mi coche, en el centro de Andorra la Vella, justo debajo de las instalaciones del Govern d'Andorra... he llegado a través de comarcas que he pateado en mis tiempos al servicio de la Generalitat, -el Berguedà, la Cerdanya- donde trabajé en la recuperación tras las salvajes riadas de 1982, y donde tantos amigos dejé, y he vuelto a rodar por tierras andorranas, tras más de veinte años de no hacerlo... y la Capital dels Pirineus me rodea, me aplasta y me acongoja.

Andorra es, en pocas palabras, un horror, "¡El Horror!", diría Kurtz-Marlon Brando...  como todas las generalizaciones, ésta es útil, pero injusta; trataré de afinar más: Andorra es una distopía, aquello horrible que puede ocurrir en el Futuro, si somos suficientemente malvados -poco probable- o suficientemente codiciosos y estúpidos, mucho más ajustado a la realidad. Sobre un bellísimo territorio de montaña -no es la Capital de los Pirineos, pero sí posiblemente su Corazón- extrañas circunstancias históricas han creado las condiciones para una acumulación de riqueza, de iniciativa comercial y turística, y de pésimo gusto, que han machacado toda o buena parte de la Belleza que encerraba y, lo que es más prodigioso aún, a entera satisfacción de sus habitantes y de los miles y miles de visitantes que la recorren todos los días del año, porque Andorra, como New York, nunca duerme...



Aislada de los complejos procesos de creación de los dos Estados modernos vecinos, bajo la autoridad más nominal que otra cosa de dos copríncipes, el Conde de Foix y el Obispo de la Seu d'Urgell, Andorra era, lisa y llanamente, un corral de vacas, que dormitaba bajo sus instituciones medievales; justamente hay vacas en su escudo nacional, como recordaba Sheldon en su programa televisivo -de limitadísima difusión- "Fun with Flags". En los Años Veinte del Siglo Pasado, un aventurero internacional -con muchísima vista para los negocios- intentó crear allí una Monarquía, hasta que fue reducido por una pareja de la Guardia Civil. Pocos años después, una esposa parricida -¡hasta donde estaría la pobre mujer del marido...!- fue ejecutada, cortándole la cabeza de un hachazo... así iban las cosas por allí...

Las dos posguerras de los Años Cincuenta, en Francia y en España, y la aparición tímida, al principio, descarada y arrolladora después, del fenómeno del turismo de masas, despiertan Andorra de su letargo; Al Conde de Foix le ha sucedido el Presidente de la República Francesa; al Obispo de la Seu, nadie, sigue él, aquí no ha habido revoluciones duraderas... pero la autoridad efectiva en Andorra la siguen detentando las oligarquías locales, que pronto van a comenzar a hacerse ricas, muy ricas, extremadamente ricas, vendiendo cosas libres de impuestos a sus vecinos de arriba y de abajo.. empezarán con el tabaco -hay una pequeña producción local, que daría para la primera media hora de ventas en los estancos andorranos el día de Año Nuevo- , seguirán con cosas tan variadas como el azúcar, la mantequilla, las aspirinas francesas -que curaban mucho más que las españolas-, las vajillas de duralex, los cuchillos de sierra... mis primeros cigarrillos son rubios ingleses comprados en Andorra; los "Craven A", de boquilla de corcho, los "Abdullahs", elegantemente ovalados, que se decía contenían mínimas cantidades de opio... andorrano es mi primer polo Lacoste, con su cocodrilito verde, mi primera cámara fotográfica Agfa, con fotómetro... la Dictadura Franquista, que ha aprendido a apretar, y de qué manera, pero también a no ahogar, hace la vista gorda en la Aduana, sabiendo que es la válvula de escape para los reprimidos deseos de una naciente clase media, en cuyo desarrollo -clarividentemente- adivina su continuidad.

Pronto miles de españolitos y francesitos descubrirán el dudoso placer de partirse la crisma bajando por empinadas pendientes nevadas sobre un número variable de carísimas tablas, y para ellos empezarán a construirse hasta la cota de los dos mil metros mamotretos de apartamentos y hoteles como los que ya trepan por los prados que antes rodeaban el curso bajo del Valira... lenta, pero inexorablemente, el gris del cemento y el negro del asfalto van sepultando la verde hierba andorrana.

Demográficamente, la transformación es espectacular; andorranos de nacimiento son cuatro y el cabo; pronto empiezan a llegar, por miles, españoles, franceses, después portugueses... buscando oportunidades en un mercado laboral que no cesa de crecer; los andorranos se atrincheran en su nacionalidad; es dificilísimo acceder a la ciudadanía -un curioso sistema es casarse con una "pubilla", una heredera andorrana- pero, eso sí, no puedes abrir ni un kiosco de prensa en Andorra sin un socio andorrano... pronto todos -y cuando digo todos, es todos- los andorranos pueden vivir de eso, de su pasaporte... las cosas han ido cambiando, hace algunos años aprobaron una Constitución, incluso han llegado a reconocer ciertas libertades políticas y sindicales, han aflojado en el tema ciudadanía, y hace unos años un orgulloso funcionario andorrano me anunciaba que ellos, los andorranos, eran ya el segundo grupo nacional del país, habiendo superado por poco a los portugueses, aunque aún a considerable distancia de los españoles... una Atenas sin filósofos, pero viviendo sobre las espaldas de los metecos...

Y al calor de esas transformaciones, Andorra se consolida como una plaza financiera, basada en el consejo de los tres monitos clásicos; no mirar, no oir, y no hablar... me he prometido a mí mismo no ensañarme con las historias de misales y madres superioras, pero no es fácil olvidar la condición de paraíso fiscal, aunque ahora parezca tener los días contados...



Cincuenta años atrás, un muy joven estudiante, que iba a empezar Económicas en el mes de septiembre, recibe del jefe de su padre una propuesta informal; subir durante el verano a hacerse cargo de la contabilidad de un pequeño hotel que posee en el centro de Andorra la Vella. El joven estudiante es un inconsciente de cojones, no tiene ni idea de contabilidad, pero se apunta a un bombardeo y, al fin y al cabo, tampoco nadie ha hablado de sueldo, va de becario, eso que está ahora tan de moda...

En el breve trayecto entre Barcelona y Andorra, la cosa se ha complicado; ahora ya no se habla de contabilidad -actividad nocturna y poco exigente, que dejaría muchas horas libres,- sino de llevar la caja del hotel, el restaurante y el bar, trabajo bastante más esclavo, al pie de barra, que puede prolongarse hasta las tantas si, como es frecuente, al cerrar los negocios vecinos, muchos amigos del director del hotel vienen a echar la copita... hay, además, un riesgo adicional, y no pequeño: el cajero, de dieciocho añitos, tiene barra libre; se jura a sí mismo, si aspira a volver a territorio español con hígado, a limitar el consumo diario a una sola copa de brandy: eso sí, de un cognac francés, el más caro de la casa, que entra solito y sabe a gloria; cumplirá escrupulosamente con su autocompromiso.



En Andorra se usan, indistintamente, pesetas españolas y francos franceses, que aún se llaman "nuevos", "nouveaux"; a unas 17 pesetas cada nouveau. Pero la caja no distingue; suma dos francos y dos pesetas, y da cuatro. Tengo que acordarme de apretar la tecla del asterisco cada vez que marco una cantidad en francos y, al cerrar la caja, sumar manualmente las cantidades con asterisco y restarla de la suma total. Como era de esperar, me hago la picha un lío: el primer día me sobran trescientas pesetas; al segundo, me faltan setenta... creo mi "Caja B", y me prometo que, el día que cierre a cero, no pido la cuenta, porque no hay cuenta que pedir, pero abandono el trabajo, como sea...

Hay peculiaridades organizativas en el establecimiento que tampoco facilitan mi tarea: por ejemplo, en el restaurante no hay helados, pero figuran en la carta... cada vez que un cliente los pide -estamos en Verano, y el en fondo del Valle de Andorra hace un calor africano-, el camarero viene a la caja, me pide el importe del helado, sale a la calle, y lo compra en una heladería que está a dos puertas... ¡ajusta luego eso en la caja...!



Por suerte hay tiempos muertos, y puedo salir a la terraza posterior, desde donde unos verdes prados se deslizan hacia el río... hay ratas, enormes, como conejos... le explico al director que hay un serio riesgo sanitario, me compra un potente rifle de aire comprimido y, en mis ratos libres, salgo a la terraza de safari: a mis víctimas se las comen sus familiares y vecinas, pero yo algo me entretengo...

Cuando cierro la caja y el bar, a veces hay actividades... no penséis mal; el copríncipe es obispo, y el primer puticlub de Andorra tuvo que abrirse en una aldea española que sólo tenía acceso rodado desde Andorra; estaba en su diócesis, pero no en su jurisdicción temporal, así que ajo y agua... recuerdo en un kiosco una altísima columna de una revista española de esas llamadas "femeninas"... en realidad, sólo la primera lo era; debajo estaban los "Playboy"s, del mismo tamaño... "El bisbe, ja sabeu...!" explicaba, con un guiño, el quiosquero...

Una noche, por ejemplo, había una velada de lucha libre en la Plaza de Toros de Les Escaldes; los españoles ocupábamos las localidades altas, las más baratas; las sillas de pista, más caras, eran territorio francés y de algún andorrano despistado que no se había quedado en casa contando sus millones; los luchadores eran siempre el francés, limpio y técnico, y el español, guarro y marrullero, que, al final, acababa mordiendo el polvo... los hispanos nos íbamos calentando... hasta que al final, en el combate a cuatro, cuando el árbitro reprendía a la guarrísima pareja española, se produjo un  nuevo Dos de Mayo; empezaron a volar sillas sobre el ruedo, y franceses, árbitro y luchadores -por supuesto, amigos de años y compañeros de trabajo- corrían a refugiarse donde podían... yo, siempre neutral en estas lides, me escondí detrás de una columna, y allí me encontré con dos miembros de la Policía Andorrana, el Servei de Vigilància se llamaba entonces, dos payesotes gordos como tocinos, vestidos de marrón caca y boina negra, cuyas barrigas temblaban de risa; se estaban partiendo la caja ante el espectáculo, sin ni siquiera mover un dedo para evitarlo...

No todo era trabajo... con unos amigos de mi padre, podíamos visitar algunos lugares aún bellos, aún relativamente intactos... recuerdo haber subido con mi padre en el teleférico del Llac d'Engolastern, unos huevos de plástico que bailaban bajo el vendaval -al volver nosotros se cerró la instalación, por el viento-, suspendidos sobre un paisaje maravilloso, o haber asistido, de madrugada, a la Subida al Port d'Envalira, una prueba automovilística -ni que decir tiene, el automovilismo era el deporte nacional en un país donde no se podía poner la tercera en ninguna carretera-, viendo, en la oscuridad de la noche, las llantas arrancar chispas del asfalto en las curvas, y desayunando, al salir el sol, en la bella cabaña de la Vall d'Ingles: no olvido el menú; a las nueve de la mañana, escudella, truchas y costillas de cordero... para beber, Johny Walker...

Cuando llevaba ya unos veinticinco días allí, una noche, sucedió el milagro... mi caja "B" cerró a cero... aproveché uno de mis frecuentes ataques de amígdalas... "¡Estoy muy malito, me vuelvo a Barcelona...!", anuncié; salí por piernas y, a los tres días, ya estaba donde yo quería, en Boltaña, fumando rubio inglés, tomando Sidra el Gaitero en vez de Cognac Hennesey, y presumiendo de polo lacoste con sargantana verde... y esa fue mi experiencia laboral en Andorra...

Sólo había cruzado otra vez el Principado, hacía ya unos veinte años, y el Viernes me atreví a volver a pasear por mi Pasado; el Hostal donde trabajé, ascendido a la condición de Hotel, sigue donde lo dejé, y, aunque mejorado, perfectamente reconocible, pero detrás suyo ya no hay verdes prados que descienden hasta el Valira; sobre los esqueletos de las ratas que maté aparcan hoy cientos de coches en un gran parking a cielo abierto, y aún hay otra fila de edificios de seis plantas frente al río... la Avinguda Meritxell sigue siendo un cañón sombrío entre bloques que se encaraman en la montaña, los Magatzems Pyrénées han perdido su castizo "Casa Pérez", en los escaparates los precios son tentadores; pistolas eléctricas Táser a 19 euros, quién no le provoca un paro cardíaco a un pariente que le caiga mal por 19 euros... Blanca pica en una perfumería, y se lleva un set de Calvin Klein, aunque luego, con todo lo que le he contado, se está constantemente oliendo la muñeca para ver si el aroma permanece durante un tiempo razonable... si sigo diez minutos más, también se me desata el consumista que llevo dentro y hago alguna locura... incluso en un momento de debilidad comento: "Podríamos venir alguna vez a comprar a Andorra..." llegamos al casco histórico, aún queda alguna calleja que recuerda, lejanamente, el bello pueblo de montaña que tuvo que ser Andorra alguna vez. Junto a su iglesia, una hermosa iglesia románica -el románico andorrano es precioso- pasticheada en plan nuevo rico, un edificio enorme enmascara una feísima pared de aguas con un trampantojo montañés... salimos hacia el túnel del Pas de la Casa y hacia el Pirineo de l'Ariége, sorprendentemente virgen, extrañamente puro... antes, en Les Escaldes. donde las cutres casas de los no andorranos trepan por las montañas, he llenado el depósito con la 95 más barata que puede encontrarse en Europa... voy huyendo de mi pasado, Andorra y yo hemos envejecido... a ella, por supuesto, las cosas en la vida le han ido mucho mejor que a mí, pero... ¿sabéis una cosa...? No me cambiaría por ella, creo que estoy mejor conservado yo...




















No había entendido el simbolismo de estas estatuas: ¡a metro cuadrado por cada culo... this is Andorra!




jueves, 27 de abril de 2017

Derecho Natural

Una magnífica obra de Ignacio Martínez de Pisón me despierta recuerdos...

De las cuatro asignaturas que constituían el programa del Primer Curso de la Licenciatura de Derecho en la Universidad de Barcelona, en los felices y ya lejanos años Sesenta del Siglo Pasado, el Derecho Natural era, con mucho, la más fácilmente superable; la impartía un catedrático de la vieja escuela, ya entrado en años y bastante duro de oído, cosas ambas que, en aquella época, consideraba yo como lejanas y ajenas a mi trayectoria vital, infeliz de mí... Don Enrique Luño Peña, aragonés, era amigo de dar facilidades a los alumnos, y ofrecía la posibilidad de superar la asignatura mediante varios exámenes parciales orales, donde, a decir de los informados, mientras desgranases latinajos en voz poco audible, tus posibilidades de aprobar eran altas...

Pero yo estudiaba, a la vez, Derecho y Ciencias Económicas, cosa que simultaneaba con trabajillos varios y, la verdad, no iba muy sobrado de tiempo; así que decidí prescindir de los exámenes orales, y jugármelo todo a la carta de un examen final; el temario no era complicado, pero el riesgo existía; el Primer Curso era "Selectivo", es decir, tenías que aprobar las cuatro asignaturas si aspirabas a matricularte en Segundo.

Me presenté al examen, conocía bien los temas que me tocaron y creí haberlo superado: pero, al recoger la papeleta conjunta con las notas de las cuatro asignaturas del curso, en la casilla correspondiente a Derecho Natural figuraba un "No Presentado" y, por lo tanto, había sus suspendido el Curso Selectivo.

Todo eso sucedía un viernes, a últimas horas de la tarde: en la Secretaría de la Facultad, ante mi desesperación -yo hubiese podido acepta un "Suspenso", pero en modo alguno un "No presentado", porque, por lo menos, era innegable que me había presentado- me facilitaron el teléfono particular del catedrático.

Conseguí localizarlo en su domicilio, ya de noche: escuchó atentamente mis explicaciones, y me citó en su despacho de la Caixa de Pensions, de la que era Director General o Presidente, no recuerdo, "a primera hora de mañana"... "¿Mañana, sábado....?" pregunté, incrédulo... "Si, mañana sábado", respondió...

Sin querer forzar mucho la máquina, me presenté en su despacho de la Via Laietana, en un impresionante edificio neogótico, a eso de las nueve y media... me esperaba con mi examen sobre la mesa, Corregido y puntuado con un notable bajo, pero notable... me pidió humildemente disculpas; el ejercicio había quedado, dividido en dos, en sobres distintos, entregados a dos profesores diferentes, y, el uno por el otro, ninguno lo había corregido; lo habían buscado, se lo habían hecho llegar a su casa, y él, personalmente, lo había corregido: "Vaya ahora mismo a la Facultad; le están esperando en Secretaría... su papeleta está corregida, ha superado Vd. el Curso Selectivo..."

Alucinando ante tal despliegue de eficiencia en día semifestivo, tan impensable en un hombre mayor, sordo y -entonces me di cuenta- con serios problemas de vista, me deshice en muestras de agradecimiento, que cortó en forma absolutamente iusnaturalista; "¡Por favor, no he hecho más que cumplir con mi obligación hacia un alumno..!"

¿Y cómo pagué aquel despliegue de inusitada eficacia administrativa...? Con la más negra ingratitud hacia la Cátedra; al año siguiente el Doctor Luño se jubiló, y asumió sus funciones otro profesor del Departamento, sobrino suyo, al que todos llamábamos, inevitablemente, "Luñito"; a su primera clase asistieron sus alumnos de Primero y, camuflados más o menos entre ellos, numerosísimos ociosos de cursos superiores, ansiosos de ver cómo resolvía la situación el novato...

Empezó su lección con los nervios que se le suponían, que trataba de superar con una actitud ampulosa y doctoral, ligeramente sobreactuada, pero todos los que hemos pasado por esas experiencias lo entendemos perfectamente... miró al aula repleta, y comenzó: "El Derecho Natural nos recuerda aquel viejo apólogo hindú de unos ciegos que se acercaron a un elefante: uno de ellos, pasando sus manos por el vientre, dijo: "¡Es una pared!": otro, tocando una de sus recias piernas, dijo: "¡Es el tronco de un árbol...!"

Y en aquel momento, entre los que se agolpaban al final del aula, un desaprensivo dijo, en voz bastante audible, si se considera que todo el mundo se queja de que hablo bajito: "Y otro, palpándole los coj...., dijo; "¡Es un cocotero!"

Amparados en la risotada general, un grupito, que ya habíamos tenido bastante diversión, salimos en tromba del aula, y nos dirigimos al bar, a celebrar la jugada...

¿Y a qué viene todo esto...? Viene a que, si alguien me hubiese aconsejado un libro sobre la infancia y juventud de un señor que aspira a convertirse en profesor de Derecho Natural, seguramente le habría agradecido educadamente la recomendación, pero no creo que la hubiese seguido; por suerte, el planteamiento era distinto; Conchita, mi bibliotecaria favorita, no tuvo más que decirme: "Tengo la última de Ignacio Martínez de Pisón": y con eso bastaba y sobraba: yo no me pierdo una de Martínez de Pisón, ni aunqe el tema sea la vocación por el Derecho Natural... Que, naturalmente, no es el caso.

Ni he comido riñones en Dublín -por limpios que estén, siempre me saben a pipí-, ni he departido amablemente con Madame de Guermantes en un salón parisino, carencias que no me han impedido disfrutar de Joyce y de Proust: Ignacio Martínez de Pisón lo tiene más fácil conmigo: me arrastra por lugares que conozco, casi palmo a palmo, muy especialmente en esta ocasión, y a través de tiempos que he vivido; me acerca a personas que he conocido, a gentes con las que he podido cruzarme veces y veces en el Metro -¡En la Avenida de la Luz...!- a dramas que he visto muy de cerca -a veces, demasiado de cerca...- y, lo que es mejor -o peor, vaya Vd. a saber-, a sentimientos que he compartido... hay un tema recurrente en sus novelas; la vida familiar, ese subconjunto apasionante de la interacción humana, donde se crean los lazos más fuertes, y se abren también las heridas más hondas... no sé nada de su vida, ni lo conozco, -aunque no nos falten amigos comunes, cosa normal, viviendo en una ciudad pequeña, se diga lo que se diga-, pero tengo la sensación de que nuestros pasos se han cruzado muchas veces, y reconozco muchas veces también mi mirada en su mirada... y le deseo, de todo corazón, que esa mirada crítica y lúcida, acerada como un bisturí, pero también, y al mismo tiempo, tierna, humana, próxima... proceda exclusivamente, con las mínimas gotas de experiencia personal, de su capacidad para captar la esencia de los sentimientos ajenos, de su habilidad para situarse en el lugar del otro, cualquiera que sea la circunstancia,  de su maestría para navegar por el  Océano sin límites de la Ficción...


miércoles, 26 de abril de 2017

Lluís Llach, antes de Ítaca...

Hoy Lluís Llach está en todos los titulares, y la ha liado parda en las redes sociales... me apetece contar una breve y no demasiado intensa relación que tuvimos, hace ya muchos, muchos años...

El mismo día en que entré en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona, tuve varias "premières": conocí unos amigos que me han ido durando a lo largo de toda la vida -alguno, por desgracia, ya no está...-, asistí a mi primera asamblea -aunque no recuerdo que hablase; luego hablaba en todas-, participé en mi primera manifestación, y me afilié al ilegal Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona, el SDEUB.

Alguna vez he dicho que fui miembro del Consejo de Curso del SDEUB: no me arrepiento de la ligera incorrección, porque todo el mundo maquilla un poco su currículum: en realidad, el Primer Curso de la Facultad reunía unos 400 alumnos -ojo, 400 alumnos en la única Facultad de Ciencias Económicas en 300 km. a la redonda; una de nuestras quejas más frecuentes era contra la "Masificación" de la Universidad...- y eso obligaba a dividirnos en dos grupos; de la A a la M, un grupo; de la M a la Z, otro: cada "Grupo" tenía su Consejo del SDEUB; yo me presenté al de mi Grupo, y salí elegido, con un vago perfil de falangista de izquierdas: podréis opinar lo que queráis, pero os aseguro que mi empanada mental no desentonaba demasiado en el panorama general; tampoco importa el hecho de que, me parece recordar, éramos tantos candidatos como cargos a elegir; es igual, muchos compañeros me votaron, y procuré siempre hacer honor a la confianza que en mí depositaron: de todas maneras, fueron las última elecciones del SDEUB, por lo que supongo que aún sigo en funciones...

Reunidos los dos Consejos de Grupo, debíamos elegir de entre nosotros a los miembros del Consejo de Curso: era el momento de buscar alianzas... se me ofreció un compañero gallego, bajito y con gafas, más listo que los ratones colorados; presumía de vagas simpatías trotskistas; en aquel momento, había dos partidos trotskistas funcionando. O tres, con los troskos nunca te aclarabas...- quedamos en votarnos mutuamente: yo cumplí a rajatabla, y salió elegido; él no me votó y, como es lógico, yo no salí... esa putadita -que luego reconoció- no empañó nuestra amistad, que duró, más o menos, hasta que, años después, pasó a desempeñar funciones de muy alta responsabilidad en la Patronal catalana: cuando nos encontrábamos en la calle, yo iniciaba un amistoso saludo... él me esquivaba, alegando siempre prisas... os juro que no tenía intención de comentar su deriva ideológica, sólo quería hacer unas risas... ahora que lo pienso, quizás estaba haciendo "entrismo" en el Foment del Treball, los troskos eran mucho de eso, un topo revolucionario socavando los cimientos del Templo de la Reacción, a saber...

Quién si resultó elegido para el Consejo de Curso fue un compañero del otro Grupo, del que todo el mundo hablaba, porque ya empezaba a cantar y ser famosillo, en el sumamente reducido mundo de quienes nos interesábamos por esas cosas; no recuerdo haber cruzado una palabra con él, más que nada, por falta de ocasión; oí alguna de sus canciones, y no me desagradaron, aunque prefería a Raimon, y lo sigo prefiriendo, ahí hay una trayectoria musical, política y cívica como una casa de pages... era por supuesto, un chico de comarcas llamado Lluís Llach.

El SDEUB atravesaba aguas tumultuosas; según la leyenda, el Rector de la Universidad, el inolvidable Doctor García Valdecasas había convocado a su despacho a todos los Delegados de Facultad: cuando los tuvo allí, les comunicó que, a la salida, serían detenidos por agentes de la Brigada Social; bien mirado, les hizo un favor a todos; a los policías, porque les ahorró el tedioso recorrido, de madrugada, casa por casa, y a los delegados, porque les pilló vestidos, y no en pijama, aunque dudo de que se hubiesen llevado al Rectorado el preceptivo cepillo de dientes.

Entre ellos, cayó mi Delegado de Facultad, Marçal Tarragó: varios años mayor que yo, el que luego sería prestigioso urbanista era también Antiguo Alumno de la Escola del Mar, y, además, Jefe de mi "Color", algún día os explicaré como funcionaba eso: como tal, en cuanto me reconoció en la Facultad, había ejercido sobre mí un discreto papel de protector y consejero, que nunca le agradeceré bastante... estábamos descabezados, y, además, llovía sobre mojado, porque también su antecesor, el hoy conocido periodista Andreu Claret, había sido en su momento detenido y expedientado; el cargo de Delegado de Facultad del SDEUB era tan letal, o más, que el de piloto de pruebas de reactores supersónicos...

Con el entusiasmo que podéis imaginar, nos reunimos todos los delegados de la Facultad, con el propósito de elegir no un Delegado de Facultad, sino una futura víctima de la represión franquista: y allí surgió la propuesta de elegir para el cargo al único que ya gozaba de una cierta notoriedad pública...Lluís declinó el honor: se debía a su incipiente carrera artística... no seré yo quien lo critique por eso...

Ante el vacío, se levantó un compañero, con el que si tenía yo bastante relación.... "Mis padres viven en Francia -fue su discurso electoral- y ya tenía pensado irme yo a estudiar allí; elegidme y, cuando salga en libertad condicional, me iré a Francia, y se acabó el problema..."

Lo elegimos por aclamación... y, como podríais suponer, nunca fue detenido, esas cosas siempre van así...

Reconozco que algunas cosas de Llach me gustaron bastante, no así "L'Estaca", que nunca me ha emocionado, y mira que la habré oído veces... Pero estaba Paco Ibáñez, luego vino Labordeta, un amor a primer oído, y mis caminos y los de la Nova Cançó, que ya no era tan nova, empezaron a separarse... no me gustaron las groseras chanzas de Boadella sobre su orientación sexual, que respeto plenamente, aunque me reí por debajo del bigote con las críticas de Marsé... hoy, cuando lo veo amenazando a mis compañeros funcionarios de la Generalitat que no expresen una clara veneración por el "prusés" y no acaten las leyes que se van a sacar, ilegítimamente, de la punta del gorrito, una mayoría parlamentaria insuficiente para nombrar un Síndic de Greuges, pienso que el Senegal se está perdiendo un ciudadano de cierto interés, y, en el fondo, me alegro de que no me diese la ocasión de aclamarlo como Delegado de Facultad...

lunes, 10 de abril de 2017

Carme Chacón, in memoriam...

Conmovido aún por la temprana muerte de Carme Chacón, unas palabras en su memoria, y en memoria de otras cosas...

Para las gentes de mi partido, el PSUC, el hermano PSC, Partido de los socialistas catalanes, era algo así como el Paraíso; el lugar a donde iríamos a parar, para disfrutar de prebendas sin fin, cargos a porrillo, e incluso la contemplación de Dios... si éramos buenos y lográbamos autorescatarnos de las garras del estalinismo... muchos de los mejores de entre nosotros habían partido ya en esa dirección, y cuando te enterabas de que otro compañero nos había dejado para irse al PSC, o a UGT, o -lo que era más común- a los dos, ya ni siquiera te extrañabas... "Ha sido lo mejor para él -pensabas-, ha dejado de sufrir, que allí nos espere muchos años..."

Carme Chacón, veinte años más joven, se ahorró ese calvario; era, por así decirlo, nativa del PSC; cuando su Partido, al igual que toda Catalunya, se partió en dos, muchos hermanos sociatas -entre ellos, ¡ay!, buenos amigos- oyeron la atiplada voz de tenora de la Pàtria y corrieron a alinearse en sus prietas filas... Carme se situó en el sector más charnego y español, aunque no españolista, el  más próximo a mi corazón, mi cerebro y mi procedencia étnica... una Antirufián, si se me permite la expresión, y a punto estuvo de asumir la Secretaría General de la Casa Madre, el PSOE, quizás la Historia se habría escrito de otra forma...

Y de allí llegó a ser la primera mujer al frente del Ministerio de Defensa: siempre he considerado un error nombrar para dicho cargo a personas que no han hecho el Servicio Militar; sólo quienes hemos pasado por dicha experiencia estamos en disposición de calibrar exactamente qué supone el Servicio de las Armas y quienes a él se encomiendan... solo cuando has sorprendido a un comandante falsificando el sobre de la nómina para sisarle unas pesetillas a la parienta, pongo por caso, puedes acercarte a ese colectivo con el pleno convencimiento de que son seres humanos normales y corrientes, aunque un poco raros, porque raro es su trabajo... puedes creer que son como cualquier otro funcionario, y básicamente lo son, pero a ellos la Patria, el día menos pensado, puede pedirles que mueran o que maten, que son cosas muy gordas, cuando a los demás, como mucho, nos chulea un par de horas extras sin cobrarlas... Creo que Carme entendió eso perfectamente...

Tuve la ocasión de verla en Talarn, cuando presidió el acto de entrega de despachos a los Suboficiales del Ejército: el Rey andaba de baja por cojera, o de picos pardos, o de las dos cosas, y el voluntarioso Príncipe no adubía a tanto acto como le salía... allí estaba Carme, seria, muy seria, mucho más seria que los royals, sin concesiones a la campechanía, viendo inclinarse ante ella las banderas de San Quintín, de Rocroy, del Barranco del Lobo... seguro que sentía como una losa, encima suyo, el peso de cientos de años de victorias y derrotas, de glorias y barrabasadas, que no otra cosa es asumir la pertenencia a una Comunidad que, a lo largo de los Siglos, va trampeando como puede hacia un Futuro siempre esplendoroso...

Esta mañana, sorprendo a los equipos móviles de TV3, la Televisió Pública de una parte importante de Catalunya, subiendo al piset, de inmejorable localización, donde tiene su oficina de jubilado el Expresident Montilla: imagino que le van a pedir unas declas sobre el súbito fallecimiento de Carme Chacón, aunque quizás me equivoque, suelo hacerlo... deshonrado Pujol, envuelto en las brumas algodonosas de su enfermedad Pasqual Maragall, inhabilitado el Gafe Innombrable, Montilla, el President Acuátic, incoloro, inodoro e insípido, es el único Expresident de la Generalitat en activo, por así decirlo, ni él se lo debe creer... compañero de Partido, vecino de ciudad, quién mejor que él para cantar el panegírico de la compañera abatida por una enfermedad congénita que no le había impedido llevar una vida, no ya activa, sino activísima y, en cierto sentido, quiero creer que satisfactoria y fecunda. Espéranos muchos años, Carme...