miércoles, 8 de marzo de 2017

"A usted... ¿cómo le llaman...?"

Así se nos dirigía un profesor que tuve en Bachillerato, un magnífico profesor de Literatura, culpable en parte de mis aficiones... porque es verdad, muy pocas veces "nos" llamamos; nuestro nombre nos lo ponen otros, lo usan otros, y trabajo nos cuesta cuando pretendemos, por ejemplo, que dejen de llamarnos por un apodo y lo hagan de otra manera...




Viene esto a cuento porque he leído que en breve, si no se ha presentado ya, se hará pública una lista de los nombres aragoneses de los Tresmiles de nuestro Pirineo: estoy deseando verla, para estudiarla y, después, modificar los hábitos adquiridos con los años... o no, según el caso. Y que conste que es un interés meramente platónico: o muy rápidamente se abaratan e incrementan su capacidad de carga los drones, o veo seriamente improbable que llegue yo a hollar una de esas cumbres, ya que, incluso en mis mejores momentos, me quedé a pocos metros de "hacer" un Tres Mil... me gusta verlos desde donde ahora puedo, desde abajo, admirarlos, fotografiarlos, y darles su nombre correcto... y eso no siempre es fácil, partiendo del hecho de que las montañas no están rotuladas, la cartografía disponible no permite, a veces, identificarlos adecuadamente y, por si algo faltase, es posible que sobre el nombre correcto de un pico haya más de una opinión... un poco de normalización, por lo tanto, es, por mi parte, entusiásticamente recibida.

Siempre he pensado que parte del problema reside en que los nombres de las montañas no siempre han tenido la importancia que les damos ahora; de un libro descacharrante, "El Antropólogo inocente", de Nigel Barley, aprendí hace años que el Ser Humano, en su innata vagancia -economía de medios, por decirlo en fino- no está especialmente interesado más que en aquello de lo que puede extraer un beneficio más o menos inmediato o, por el contrario, representa un peligro para él: durante siglos y siglos -y, por lo menos, tres o cuatro idiomas distintos- nuestro Pirineo ha estado poblado por sociedades pastoriles, viviendo siempre en el margen de la subsistencia, en un clima hostil, condiciones que difícilmente facilitaban ni hacían necesaria una exploración del territorio que no estuviese directamente ligada a sus necesidades; las tierras de pasto o de labor, los bosques donde se podía obtener madera y caza, las minas, los ríos, las fuentes, los puertos y pasos que te comunicaban con territorios vecinos... eran lugares necesarios, conocidos, apropiados y nombrados: pero las cumbres... si no sospechaba que se le había perdido una oveja por ahí arriba, ¿qué interés podía tener un sobrarbense de hace trescientos años en subir a un Tres Mil...? ¿Exponerse a romperse una pierna, accidente que, sin GREIM, era la muerte segura o, peor aún, la invalidez...?

Por supuesto, había otro interés hacia las montañas; el mágico, suponerlas refugio de las deidades que, más o menos, regulaban sus vidas, especialmente enviándoles tronadas, pedregadas, borrascas y otros alicientes por el estilo... pero ni ese interés ni el meramente orientativo ("Por allí... por allá...") requerían una gran precisión: aún hace algunos años recuerdo que, un día de borrasca, un anciano me decía: "Está nevando en os Puertos..."; los puertos, las estivas, los pasos y los pastos, tenían importancia: las cumbres... ahí estaban, ni molestaban ni importaban demasiado.

Seguramente el interés por parte de nuestros paisanos se disparó cuando llegaron gentes de fuera de las montañas que querían conocerlas, subir a ellas... y necesitaban los servicios de los montañeses como guías: es muy probable que alguno se apuntase sin tener ni idea de por dónde diablos se subiría ahí arriba, pero no era gran problema, costumbre de andar por peñas y riscos no le faltaba a ninguno... primero fueron cartógrafos militares, trazando la raya fronteriza con Francia, pero enseguida empezaron los visitantes extranjeros: nos llegaban los aires del Romanticismo y el descubrimiento del Paisaje, cuanto más pintoresco -propio de pintores-, mejor... lo que hasta entonces eran, meramente obstáculos, dificultades para ganarse la vida lo más placenteramente posible, que es a lo que cualquier persona sensata aspira, pasaban a ser ahora panoramas gigantescos, escenarios grandiosos, retos que estaban ahí para que gentes con las necesidades materiales resueltas -nuestros montes se pueblan de condes, princesas y rentistas- se jueguen la crisma por el placer, descrito como sublime, de contemplar paisajes desconocidos y, a ser posible, torcerse el tobillo en una garganta que se presentaba, ahora, como infernal, caótica, aterradora... cuando hasta aquel momento había sido, sencillamente, un fastidio.


¿Consecuencia inmediata...? Que los nombres de nuestras montañas fueron puestos por gentes procedentes de otras tierras, los que de verdad estaban interesados en ellas; transcribiendo con mejor o peor oído los nombres que mascullaban los lugareños -que, estoy seguro, muchas veces los inventarían, para cimentar su fama de guías avezados- o, sencillamente, poniendo nombres nuevos, en autohomenaje a otros descubridores como ellos, o fruto de sus fértiles imaginaciones, espoleadas por el calentón de la conquista de las cumbres.

Y no tiraron por lo bajo, no... llenaron nuestros mapas de Infiernos, Diablos, Maldiciones, historias mitológicas... no de la mitología local antigua, perdida ya desde siglos atrás, desconocida hasta por los lugareños, sino por recreaciones cultas de la Mitología clásica, conocida, tan solo, por los curas, como mucho, si habían prestado atención a los Clásicos en el Seminario... que se superponía a la mitología mucho más hogareña, de santos y vírgenes, que el pueblo realmente existente manejaba en terrenos situados a cotas accesibles... podíamos decir que hasta los 2.500 metros, más o menos a la cota del Pino Negro, llegaban los santos y las vírgenes de las beatas y los curas, y, a partir de allí, empalmaban con los territorios de los Atlantes, Roldán, Hércules o el Gigante Gerión, al que, os lo puedo jurar, he oído también mencionar hablando de pedregales de nuestras montañas.

Hay un caso paradigmático en Sobrarbe, y, además, afecta al macizo más característico, y que da nombre a nuestro Parque Nacional: Monteperdido, el Monte Perdido.

Parece clara la incongruencia de llamar "Perdido" a un macizo montañoso que se ve desde distancias increíbles: yo he podido divisarlo -y no soy un halcón, sino más bien miope- desde la vertical del Aeropuerto de Barcelona y desde una de las Torres del Pilar, a 300 y más de 200 kilómetros, respectivamente; desde La Panadella, desde Belchite... se ve también desde el Moncayo y, recientemente vi una foto obtenida desde tierras de Teruel... perdido, por lo tanto, no es que esté... si bien es cierto que, según te vas acercando a él, desaparece, salvo en Pineta, donde su cara Norte domina el valle... mucha de la gente que visita Ordesa se vuelve a casa sin haberlo visto si no llega a Soaso; por ejemplo, si viene desde Zaragoza o Huesca, pierde su última oportunidad en Monrepós... si sube desde Barcelona, en L'Ainsa... aunque desde el castillo de Boltaña, el observador avezado puede llegar a ver la puntita de su cumbre.

Por supuesto, el nombre se puso desde Francia, donde la cumbre del Perdido apenas si se avista desde algún lugar muy concreto del Valle de Gèdre, precisamente donde hay un Hotel du Mont Perdu... franceses fueron quienes primero se interesaron por él, por decirlo así, deportivamente -Heredia subió estando de servicio-, y franceses quienes le dieron su nombre... ¿si los guías nativos les hubiesen dicho que "aquello" se llamaba de otra manera, hubiesen ellos contestado: "Ah, mais non, ça s'apelle Mont Perdu, monsieur..!"? lo dudo, el toque exótico hubiese ganado... seguramente el tema del nombre ni se planteó... de cualquier manera, seguimos sintiéndonos ligeramente incómodos con "Monteperdido"; meterle mano al nombre implicaría nada menos que una modificación legislativa, ya que ha dado nombre, junto con Ordesa, a nuestro Parque Nacional; además, ¿qué ponemos en su lugar...? ¿Optamos por "Aso", como creo recordar que proponía el Dr. Plá, nuestro erudito boltañés de adopción...? creo que se plantea otra opción, "Puntón de Treserols", a la espera estoy de la famosa lista... pero no dejo de recordar que la cúspide de la Peña Montañesa recibe el nombre "popular" de "Puntón d'o Libro", que, supongo, hace referencia al libro de firmas -del que ya he conocido varias reencarnaciones- que difícilmente puede llevar allí demasiados años, y que vendría a ser como dar categoría de "Nombre popular" al "Tozal d'o repetidor de Vodafone", pongo por caso...

Pero es que el nombre de todo el macizo también ha sufrido sus altibajos: por lo menos, en este caso sí se conservaba un nombre popular: Treserols. "Erol", posiblemente preromano, lo encontramos también en la mismísima Barcelona, en la Serra de Collserola, "Coll s'Erola", pero... "Tres"? ¿Por qué no cuatro? De hecho, desde muchos lugares, el Cilindro queda escondido detrás de Monteperdido, y aparece como tercera cima, más baja, pero no por ello menos impresionante, la Punta de las Olas... podríamos concluir que los Tres Erols de Treserols, como los Tres Mosqueteros, son cuatro... pero el "Tres" tiene un prestigio mágico que difícilmente puede disputarle el "Cuatro", y así lo vemos, pocos cientos de metros al Este, cuando las Sucas o Zucas, las "Tres Marías"... vuelven a ser cuatro.

Treserols, como nombre, tenía un problema; ¿Qué c.... era un "Erol"? Rápidamente se encontró una solución: serían las "Tres Sorores", las Tres Hermanas, y eso daba un bonito juego a leyendas varias, tres hijas de un rey, tres damas de alta alcurnia -no podían ser tres cabreras, claro, aunque la tierra daba muchas más cabreras que princesas-, hechizos, maldiciones, petrificaciones... hasta Sender se sumó al carro, en una novela menor... las "Tres Sorores" siguen oyéndose, supongo que cada vez menos, pero se tarda años en reconducir situaciones así...

El Cilindro tuvo la inmensa suerte de parecer justamente eso, un Cilindro: pese al pliegue en su pared Este, llamado "la gamba", nadie, que yo sepa, se ha atrevido a hablar de la "Gamba de Marboré",o "Marmoré", que esa va a ser otra... pero la segunda cumbre del macizo conoció uno de los rebautizos de "Clase dos"; para honrar al Barón Ramond de Carbonières, pasó a ser llamado "Soum de Ramond"

No seré yo quien discuta los innumerables méritos de Louis Ramond de Carbonnières, amigo de Napoleón, Barón del Imperio, Prefecto, montañero, botánico... llevan su nombre tres cimas, un endemismo -la Ramonda pyrenaica-, una festuca... me tengo prometido aprovechar un viaje a París para visitar su tumba, en el romántico cementerio de Montmartre. Además, el nombre de su cima -consta que subió a Monteperdido al tercer intento, pero no sé si pasando antes por ella- ha quedado ya perfectamente integrado: Sunderamón, así tal cual... pero... aquí si parece claro que el nombre primigenio, o, por lo menos, el más nativo, sería Pico de Añisclo... Barón, su Soum peligra...

Como peligran también nombres de personas ante cuyo recuerdo debemos todos los que amamos estas tierras quitarnos la boina: Lucien Briet, mi amado Briet, que podría quedarse sin Mallo Gran, reducido a su monumento, eso sí, junto a la pradera de Ordesa que tanto quiso... Schrader, el Príncipe de la Moscowa -¡el hijo del Mariscal Ney, otro amigo de Napoleón!-, Lady Lyster, a la que imagino con sus enaguas almidonadas triscando por su Corredor, allá por el Vignemale, en realidad Vinhamala, en realidad, por nuestro lado, Comachibosa...

Siempre he sido amigo de paños calientes; propongo, por lo tanto, una solución de síntesis, de compromiso... demos a nuestros montes los nombres más apropiados posibles, aquellos que tengan un arraigo en la memoria de nuestras gentes, en el supuesto de que aún puedan encontrarse vestigios, más o menos creíbles, de cómo llamaron a aquellas montañas quienes junto a ellas -que no en ellas; ahí no vivía nadie en su sano juicio- vivían... pero no dejemos caer en el olvido aquellos otros bautizos que recordaban a gentes dignas merecedoras de eso y de más... me apunto a caballo ganador, porque imagino que esa será la solución real: yo la institucionalizaría: nombre oficial: Pico Añisclo/Sunderamón, así tal cual, con su barra inclinada.... honraremos así a nuestros Antepasados, y también a nuestros Antecesores en el amor a las montañas...









jueves, 23 de febrero de 2017

Mi 23-F

Hay días que difícilmente olvidarás; siempre se habla -para los que ya somos mayores- del asesinato de Kennedy; ya dentro del Siglo XXI, el 11 de Septiembre -el de las Torres Gemelas, no los innumerables de aquí...-; para los españoles de mi generación, sin dudarlo, ese día es el 23 de Febrero de 1981.


Por aquellas fechas, compatibilizaba yo mi condición de profesor a tiempo parcial en la Facultad de Ciencias Económicas de la UB (entonces, simplemente, "La Central") con mi dedicación mayor, la de funcionario de la extinta Organización Sindical, adscrito al Gobierno Civil de Barcelona como Asesor Técnico: el nombre, ligeramente excesivo, no explicaba bien mis funciones; a disposición del Gobernador Civil, completábamos la reducida plantilla de Técnicos Superiores que, al proceder directamente de la Administración Civil del Estado, nos miraban por encima del hombro; entre los fachas también había -y supongo que hay- categorías, no os creáis... teníamos, además, la fama de ser personas de la confianza directa de Rodolfo Martín Villa -al que, por cierto, no tuve el gusto de conocer-; cumplíamos funciones muy variadas; generalmente, relacionadas con los numerosísimos conflictos colectivos laborales, en una época en que la crisis era tanto o más grave que ahora, pero la gente aún no había perdido la extraña costumbre de luchar por sus derechos.

La tarde del 23 de Febrero, en que debía celebrarse la sesión de investidura, en el Congreso de Diputados, de Leopoldo Calvo Sotelo, sucesor de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno, llegué a la Facultad de Económicas bastante antes de mi hora de clase en el curso nocturno, para prepararla con tranquilidad en el Seminario; como solía hacer, pasé antes por el bar, a tomarme mi cafelito vespertino, y allí me sorprendió la voz del camarero.. "¡Señor Revilla, Señor Revilla, al teléfono...!" Os recuerdo que los teléfonos, entonces, eran cosas fijas e impersonales, y la gente hacía esas cosas, llamaba a los lugares donde podías estar, y allí te buscaban... era mi mujer, Laura Toribio, abogada entonces de Comisiones Obreras, con una noticia sumamente alarmante; al parecer, un grupo de guardias civiles había asaltado el Congreso, deteniendo a todos los diputados... ella se iba a casa, y me aconsejaba hacer lo mismo...

Enseguida, otros y yo difundimos la noticia por la Facultad... espontáneamente, nos reunimos en asamblea en el hall, frente a la entrada del bar; cada uno iba aportando informaciones, cada vez más alarmantes... todo parecía indicar que había un Golpe de Estado en marcha, de alcance desconocido pero, desde luego, nada tranquilizador: apenas si llevábamos seis años de Democracia, y el sentimiento era general... "¡Por favor, otra vez, no...!"... ¿qué hacer? Pronto se oyeron propuestas más o menos prácticas: asamblea permanente, salir a la calle... un compañero propuso formar barricadas con los automóviles del parking para evitar que saliesen "los tanques" del vecino Cuartel del Bruch: yo sabía que los tanques no estaban allí, sino en Sant Boi, pero no dejaba de sentir un sudor frío pensando en las letras que me faltaban por pagar de mi 127...

Quien remató la situación fue nuestro querido Manuel Sacristán: el respetado teórico marxista, ya muy mayor -aquel día me di cuenta- tenía, además -y eso no lo sabíamos- a su mujer gravemente enferma, falleció poco después; estaba literalmente desmoralizado... nos informó de que los tanques corrían ya por las calles de Valencia, y nos dijo que él se iba a casa... enmudecimos y, en pequeños grupitos, abandonamos la asamblea.

Yo lo tenía muy claro; ya que allí, como solíamos decir, no "había condiciones", mi lugar estaba en el Gobierno Civil: a Belloc padre, mi primer Gobernador, lo había sustituido hacía poco Josep Coderch, un diplomático gironí, amigo personal de Suárez, y con el que apenas si había tenido yo relación, pero que me parecía persona comprometida con los ideales democráticos: estaba seguro de que se pondría, sin dudar, del lado de la Constitución, y hacia allá me dirigí, con negros presentimientos... es verdad, el Palacio del Gobierno Civil se daba un aire con La Moneda santiaguina, y tocaba yo madera...

Soy un auténtico maniático en lo referente a repostar combustible, hasta el punto de que puedo pasar meses sin ver la luz de la "reserva"; pues aquel día apenas si llevaba gasolina para llegar al Gobierno Civil: me tocó hacer más de media hora de cola en una gasolinera, rodeado de conductores cabizbajos y silenciosos... las gente, por la calle, caminaba rápido, casi corriendo, camino de sus casas; muchos llevaban bolsas de compra; aquel día, en muchos supermercados se agotaron las existencias de arroz, azúcar, aceite, conservas... el recuerdo de la Guerra Civil y sus problemas de abastecimientos aún estaba vivo, si no en mi generación, si en la de mis padres...

Llegué al Gobierno Civil; por aquel entonces, yo era, oficiosamente, el "rojo" de la casa, aunque había decidido no asumir ninguna militancia ni política ni sindical, para no comprometer mi imparcialidad en los asuntos, muchas veces delicados, en que me tocaba intervenir: por eso no me extrañó ver la cara de disgusto con que me recibía, el la puerta, un compañero ligeramente más conservador -fiscal, y ex-censor, por cierto- "¿Qué vienes a hacer aquí...?" me preguntó, sin demasiada cordialidad... en aquel momento, apartó los faldones de su chaqueta, y pude ver, metida en su cinturón, la inconfundible culata de una Astra 400... siguió mi mirada y aclaró torpemente "La traigo porque no sabemos hasta que hora vamos a estar aquí esta noche..." Desde aquel momento, tuve la sensación de que, si la cosa se complicaba, a lo mejor no salía de aquel Palacio por mi propio pie... eso sí, el "paseillo" me lo darían gente con la que, cada día, me jugaba el café a los "chinos", siempre era un consuelo...

Intenté llegar hasta el despacho del Gobernador Civil; y allí me esperaba la segunda sorpresa de la tarde: dos guardias civiles me cerraron el paso. Dicho así, no suena extraño: pero no eran dos guardias civiles; eran Fulano y Mengano, a los que veía cada día, que me saludaban respetuosamente, con los que me había fumado algún que otro cigarrillo, hablando de sus problemas, los estudios de sus hijos, sus posibles traslados... me dijeron, en este caso muy atentamente, pero con firmeza, que el acceso al despacho del Gobernador estaba prohibido para todos, incluso para mí.

No me quedó más remedio que encerrarme en el mío, y llamarle por el teléfono directo; lo descolgó a la primera; para eso no había problema... "Estoy aquí, a tus órdenes..." "Has venido por el Paseo de Colón" "Si, Excelencia" "¿Cómo estaba Capitanía General...?" "Seis Land Rover en la puerta, y todas las luces encendidas..." Me pareció oír un suspiro de resignación... pocas, muy pocas cosas podía hacer él desde su despacho más o menos sitiado: le conté que los guardias civiles no me habían dejado llegar hasta él: "Tampoco estoy muy seguro de que me dejasen salir a mí", fue su resignada respuesta...

Quedamos en que me iría pasando las llamadas que no pudiese o no quisiese responder: así pasé dos o tres horas tirando balones fuera... una de las conversaciones más surrealistas la mantuve con el Secretario General de Comisiones Obreras en Cataluña, mi querido y respetado José Luís López Bulla, al que aún no había tenido el inmenso placer de conocer; digamos que nuestro primer contacto no fue excesivamente satisfactorio, insistiendo él en la necesidad de movilizaciones populares, y repitiendo yo los mantras que emanaban del Gobierno de Subsecretarios: todo estaba controlado, todo iba a terminar muy pronto, calma y normalidad...

Mientras tanto, repasaba yo la situación de las personas de mi entorno; en primera línea de mis preocupaciones estaba, por supuesto, mi mujer, en aquel momento embarazada de nuestro hijo Borja: como abogado de Comisiones Obreras, muy probablemente sería objetivo de cualquier represalia. También era un posible objetivo mi hermano Ricardo, por sus responsabilidades políticas en Aragón... muchas veces habíamos comentado, bromeando; "¡Si dan un golpe, por la Breca -la Brecha de Rolando- y t'a Francia!"; pero estaba convaleciente de un grave atropello, con el tobillo hecho polvo, ni por la Breca ni por ningún otro sitio podría escapar... por no pensar en mi propia situación, con aquel elemento -y no sabía cuantos más- pululando por el edificio con pistolas...

Es difícil calcular cuantos funcionarios públicos, aquella noche tan larga, pasamos por parecidas tribulaciones: me contaron, tiempo después, una historia muy reveladora, un universitario hacía sus prácticas, como Alférez de Complemento, en una unidad de Caballería: recibió la orden de preparar las autoametralladoras -unos blindados ligeros- con munición, por si tenían que salir... un sargento profesional, con un enorme revólver atado al muslo, le hizo entrar en el cuarto de las escobas: "¡Como me ordene disparar contra el Pueblo, mi alférez, me mato, y lo mato, y... !", dijo, desenvainando el revólver... "¡No, coño, tranquilo, que soy de los tuyos...!" "¡Pues entonces, matemos al Teniente Coronel, y repartamos las armas al Pueblo...!" "¡Joder, no seas bruto.... si nos mandan salir, media vuelta y nos vamos con los chicos y las tanquetas a Francia...!" Yo, ni eso podía...

Ya muy avanzada la noche, sonó de nuevo el teléfono; era el Gobernador; le acababan de llamar de Madrid, el Rey iba a salir dentro de media hora en la Tele, estaba todo arreglado... "¡Vayámonos a casa, y descansemos- dijo-, que mañana será un día duro..."

Aún llegué a tiempo de ver en mi casa el discurso del Rey, pero quedaban muchos flecos colgando, con los diputados aún encerrados en el Congreso... simultaneaba la televisión con un transistor conectado a las emisoras que iban desgranando información, y, en un momento de agotamiento, en vez de apagar un cigarrillo en el cenicero -entonces aún fumaba-, lo aplasté contra el transistor; guardé durante años aquel viejo cacharro con su quemadura bien visible, como recuerdo de una noche durilla...

Tuve el tiempo justo de dormir un par de horas, ducharme, y volver al Gobierno Civil... en el ascensor, coincidí con una vieja funcionaria, zaragozana, que siempre nos trataba a los "jóvenes" con un cariño casi maternal... "¡Ya estarás contento...!", me escupió, con todo el desencanto de los reaccionarios que, a aquellas horas, eran conscientes de que habían perdido, quizás por muchos años, su última oportunidad...

Pero aún me quedaba la mayor sorpresa del día; entró en mi despacho uno de los guardias civiles, quizás con el que más amistad tenía; fue verlo y darme cuente de que, con el tricornio puesto, era clavado a Tejero, idéntico bigote... (sin tricornio, no; Tejero era calvo, y mi amigo lucía una abundante mata de pelo)... "¡Qué vergüenza, unos compañeros haciendo esas locuras.... y encima yo, con este bigote...! ¿Cómo voy a salir yo así a la calle...?" "¡Tú sales conmigo, y ahora mismo!", le dije... lo cogí por el brazo y lo arrastré hasta el bar que solíamos frecuentar los funcionarios, prefería ir con él que con mis compañeros habituales, que apenas si me miraban a los ojos... "Fíjate, todo el mundo me mira... pensarán:"Ya lo han soltado"..."! "Sí -respondí yo- pero te han degradado a Guardia Primero..." "Eso sí..", contestó riéndose...

Me gustaría decir que todo acabó bien, pero no fue así; la época de Calvo Sotelo fue dura también; Coderch fue cesado, por suarista, y del nuevo Gobernador Civil, Jorge Fernández, prefiero no decir nada, porque está malito y le deseo una rápida y total recuperación, confiando en Marcelo, su Ángel de la Guarda; a mí me purgaron, y me enviaron a la Generalitat de Catalunya, no se si como castigo a mí o a la Institución de Autogobierno... pero, pocos días antes de dejar el Gobierno Civil, mi amigo, el Guardia Primero bigotudo, vino a verme, muerto de risa... su hermano vivía en Canadá y, el 23-F, la madre de ambos estaba allí visitándolo: la pobre señora se entretenía mirando la tele canadiense, de la que, supongo, no entendía ni una palabra; de repente empezó a llamar a su hijo, a gritos: "¡Fulano, Fulano, ven corriendo... están dando noticias de España, y sale tu hermano... se ha metido en un lío muy gordo...!"





martes, 21 de febrero de 2017

Doppelgänger

Hay en Alemán algunas palabras especialmente inquietantes: "Doppelgänger" es una de ellas...

"Doppelgänger" vendría a ser el "doble" de uno, "el que camina a su lado"... quiere el folkrore doich que los seres humanos tengan su doble; generalmente se considera de mala suerte encontrarse con él, pero no siempre... caminar, antes, se caminaba sólo por la vida; hoy, muchos insensatos como yo pasamos horas caminandopor las Redes Sociales, y quizás no es mal lugar para encontrar a tu Doppelgänger -pronúnciese "Dopeljenjer", más o menos- o, ¿por qué no?, a tus Doppelgängeres, o como diablos se forme el plural aus Deutsch de la palabra...

La verdad es que me he dedicado a tan absurda tarea por un motivo práctico; en Facebook soy mi propio Doppelgänger porque, movido por mi conocida inutilidad para las tareas informáticas, me creé dos perfiles, en vez de uno: el "oficial", por así decirlo, es el que uso cada día, pero tiene un hermanito pobre y abandonado, con sólo 32 amigos, la inmensa mayoría de los cuales están doblados en el otro... pero no todos: por eso, hace un rato, trasteaba buscando si había alguna posibilidad a mi alcance de eliminarlo repescando a los amigos únicos que en él yacen olvidado, y ha sido cuando he dado, de morros, con un doppelgänger con todos los derechos, un medio doppelgänger y un doppelgänger por aproximación.

Mi profesor, mentor y amigo, recientemente fallecido y al que tanto echo de menos, Joaquín Fernández Fernández, difícilmente podría haber abordado esta tarea, al tener dos apellidos millonarios en usuarios y un nombre también frecuentísimo, como comentábamos muchas veces en broma; pero "Revilla" no es un apellido tan común, "Delgado" -al que, por cierto, tan poco honor hago en la báscula- siéndolo mucho más, tampoco está en el "top ten", y Antonio, nombre, ese sí, muy común, se está quedando un poco viejuno y con poca representación entre los jóvenes que, no nos engañemos, son ampliamente mayoritarios en las redes sociales: aún así, me ha sorprendido un poco la parquedad de la cosecha. Además, mis "doppels" son gente de pocas palabras feisbuqueras; poca es la información que de sus vidas ofrecen... veamos qué podemos saber de ellos:

Mi "Doppelgänger-doppelgänger" -o yo soy el suyo, tanto monta... , vive en Miranda de Ebro; no he estado nunca en Miranda, aunque en ella vive un viejo amigo, y la he visto muchas veces, en la lejanía, adornada con sus chimeneas industriales, desde la Autopista, yendo a o volviendo de Bilbao... he recorrido el Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta la Gola de Migjorn, donde sus aguas se diluyen en el Mediterráneo, pero no he dedicado ni un momento a la ciudad burgalesa, la única de las ribereñas que no he pisado... lo digo para vergüenza propia, y con propósito de enmienda: allí vive Antonio Revilla Delgado, con 135 amigos. No hay fotos suyas; en su lugar, una leyenda que lo define como amante de los perros: "Un día dijo Dios: "Amarás a tu prójimo"... y sólo el perro entendió", y otra, bien diferente, que lo aproxima más a mis expresiones habituales, y a las de mi querido José Antonio Labordeta: "El tiempo pone a cada uno en su sitio: pero si vas mandando  a algunos a la mierda, vas adelantando camino".... ¡¡Bien, Doppel, vamos bien por ahí...!!

Del resto de los escasos mensajes que encuentro en su perfil, me parece deducir que pertenece a la Protectora de Animales de Miranda de Ebro, en cuya junta rectora ha habido recientemente algún follón, y que participa activamente en la búsqueda de acogedores para animales desamparados, benemérita actividad: eres hombre de pocas palabras, Doppel,  para un Antonio Revilla Delgado que hable por los codos ya estoy yo, pero me alegra ver que te dedicas a las buenas obras con los perros, bichos nobilísimos; nunca he tenido perro, por diversas circunstancias, pero ha habido perros en mi vida, de los que guardo un recuerdo entrañable, Desde Kazán y Dog hasta Kaiku, pasando por Bruja y Ara, sin olvidar a Lobo, al que mis hijos llamaban "Tío"...

Mis otros dos "Doppels" vienen... ¡del Perú!: Perú tiene con Miranda de Ebro en común que nunca he estado allí, aunque, también en éste caso ya estoy tardando: allí viven Paco Antonio Delgado Revilla y Nayeli Revilla Delgado, que el feis, en su extraña lógica, da también como respuesta a mi búsqueda de ARDes.

Paco Antonio DR vive en Cajamarca, en la Sierra Norte, a más de 2.000 msnm: ciudad famosa porque allí el bruto de Francisco Pizarro -que me perdone mi amigo, su Doppelgänger particular- cometió el crimen de cargarse al Inca Ataualpa, después de haberle cobrado un cuantiosísimo rescate: no debe ser buen lugar para alardear de ascendencia hispana, pero, al parecer, nuestros apellidos -o, por lo menos, los míos- gozan de buena salud: Paco Antonio tiene 74 amigos, parece ser bastante más joven que yo, aparece en fotos familiares junto a los que podrían ser sus padres y, en una de ellas, se da un aire a Vargas Llosas: poco o nada más puede deducirse de su perfil, enigmático Doppel...

Peor es aún el caso de Nayeli Revilla Delgado: por no saber, no sé ni su sexo, porque Nayeli puede ser nombre masculino o femenino, y en sus dos únicas fotos aparecen siempre una pareja joven, con aspecto de galán -él- y joven dama -ella- de película de Bollywood... hay otra foto de una vía introducida en una vena de una mano, que sólo se explica porque, en éste caso, sí hay buena información profesional; Nayeli es médico -dice, así, en masculino-, y prestó sus servicios, primero, en un Hospital Público en El Callao, y ahora en una clínica privada en en Sur del país, en Arequipa. Afirma haber estudiado Enfermería obstétrico-ginecológica, especialidad en la que de poca ayuda me puedes ser, Doppel, lo siento... y nada más...

Y esto es todo; feis ni tan solo me acerca a mis auténticos hermanos Revilla Delgado; también es cierto que, en la vida real, tuve una vez un encuentro con un Doppelgänger físico, encuentro especialmente turbador, porque nos íbamos los dos juntos al Servicio Militar, pero esa es historia que dejo para otro día... Voy a intentar haceros llegar estas líneas, y os agradecería que ampliáseis vuestra información, si os apetece; si no, no pasa nada, tan amigos y tan Doppels.... sabed que, en las entrañas de la Web, tenéis un amigo y un Doppelgänger...




jueves, 12 de enero de 2017

Resurrección

Vaya por delante que no soy, en lo absoluto, partidario de las resurrecciones: de entre los numerosos aspectos positivos de la Muerte, yo destacaría dos: su absoluta e igualitaria radicalidad democrática -todos nos morimos, o nos moriremos, podéis estar seguros- y su carácter de experiencia irrepetible: solo se muere una vez, y, por si hacía falta, así nos lo recuerda el Credo Legionario: si empezamos con excepciones, favoritismos y letra pequeña, la cosa pierde buena parte de su atractivo...

Pero es que, además, no le veo ninguna ventaja práctica a la resurrección: recuerdo que Saramago -muerto y no resucitado- le reprochaba a Jesucristo la resurrección de Lázaro, ya que, en su opinión, ningún ser humano -y menos el pobre Lázaro, del cual no hay en los Evangelios ninguna referencia negativa- merecía el castigo de pasar dos veces por el trance de la Muerte... por no hablar de los aspectos jurídicos y patrimoniales del tema, escalofríos entran... vamos, que no, que no me gustan las resurrecciones, y así lo recordaba hace pocos días en el Feis cuando comentaba, con horror, la posibilidad de que dos famosos cadáveres políticos estuviesen, con cierto disimulo, removiendo la losa de su sepulcro: uno, ya os lo adelanto, es José María Aznar: del otro, ni me atrevo a poner el nombre, dada su merecidísima fama de gafe, de jettatore, pero os ofrezco como pista que lleva el nombre de un rey legendario, y se apellida como un signo aritmético, no digo más...

Sin embargo, leo esta mañana que Carlos Zanón ha iniciado la recuperación para el Mundo de los Vivos Lectores de Pepe Carvalho, y mi opinión cambia por completo...

En primer lugar, Pepe Carvalho, el detective que, de la mano de Manolo Vázquez Montalbán recorrió con su mirada triste y crítica la larga transición de la Barcelona del inmediato postfranquismo a la cosa ésta de ahora, es un personaje potente, próximo, inolvidable, que, como se solía decir, no debería haberse muerto nunca... por supuesto, la temprana e imprevista desaparición de su creador -¡En el aeropuerto de Bangkok, toma escenario inesperado...!- aceleró el proceso, pero ya el último Carvalho mostraba signos evidentes de decadencia, de fin de ciclo, con una Charo retirada de sus actividades habituales -o. por decirlo de otra manera, sometida a un régimen de dedicación exclusiva-, un Bromuro fallecido y un Biscuter entregado profesionalmente a su pasión culinaria... ¿Presintió Manolo su propia muerte, y quiso ir rompiendo, poco a poco, los lazos de Pepe con la vida...? si el propio Flaubert reconocía que Madame Bovary era él mismo, nadie dudaba de la profunda identidad entre Manolo y Pepe que, por lo menos, no requería ninguna operación quirúrgica ni tratamiento hormonal.

Nos han faltado los dos, Manolo y Pepe, y muchas veces, a lo largo de los años transcurridos, he elevado mis oraciones laicas pidiendo su resurrección... Manolo nos ha faltado, sobre todo, a sus compañeros de partido y de ilusiones -me atrevería a decir que, sobre todo, de desilusiones-, que daríamos lo que fuese por escuchar su voz, baja y ronca, de persona profundamente tímida desde la fortaleza de su inteligencia, comentando los acontecimientos actuales en este rincón de Mundo, sin caer en las suposiciones sobre sus hipotéticos posicionamientos que la han atribuido personas muy próximas a él, pero distintas, como todos somos distintos de los demás... y Pepe nos falta, además, a muchísimos más, acostumbrados a ver cómo el bisturí de su mirada irónica y, curiosamente, también compasiva, abría en canal los abcesos de una Sociedad mediocre e hipócrita, la nuestra... Incluso yo, en mi modestia, caí en la tentación de ofrecerle a Pepe un breve cameo en uno de mis cuentos del Oso, el más circunstancial, salvaje e impublicable de todos... Pepe se merece, los Carvalhistas todos nos merecemos, su vuelta a la Vida, aunque sea una vuelta a las miserias y los desengaños, pero también a algún platillo delicioso, algún Malta sumamente potable, y algún polvo furtivo, inesperado y jubiloso, esas alegrías que, generosa al fin y al cabo, muchas veces nos ofrece la Vida, y con las que difícilmente podrá competir la densa calma de la Muerte.

Pero es que, además, Carlos Zanón me parece admirablemente dotado para llevar adelante esta operación: hay en él una mirada sobre la Sociedad suficientemente aguda para descubrirla desnuda, sin ilusorios disfraces, cruda tal como es... es también poeta, como Manolo, pero quizás ahí se acaban las semejanzas entre el maduro, miope, calvo y reflexivo intelectual, perdidas ya las ilusiones colectivas, e incluso quizás las individuales, y el hombre mucho más joven, con mucha más energía -esa es la impresión que de él saqué, la única vez que hablamos-, que posiblemente nunca se ha hecho demasiadas ilusiones, ni históricas, ni de las otras,  pero que se sabe afortunado por haber cruzado aguas sumamente revueltas, donde tantos y tantos han naufragado, y haber llegado a la otra orilla en buen estado, y disfrutar ahora de la serenidad que le permite mirar hacia atrás y ver, desde un lugar seguro -o eso, por lo menos, le deseo- pozos, trampas y arrecifes... su Carvalho no será el Carvalho Montalbán, ni falta que le hará, seguramente, pero será, y si no, al tiempo, otro Carvalho eterno e imprescindible.

Una sola cosa me preocupa: no puedo ver a Carlos Zanón separado de nuestro común Guinardó natal: hay entre nosotros una generación de diferencia, nuestras calles son las mismas -bueno, con nombres catalanizados: Varsovia- Varsòvia.... pero... ¡cómo habían cambiado...! Aún acerté a ver bares de camareras -como el eterno Marlène, con su incongruente casco prusiano de la Primera Guerra Mundial, nada que ver con los mucho más prácticos de la Segunda-, pero no el denso ambientillo y los personajes tempranamente derrotados por una Historia demasiado rápida y el brutal impacto del desembarco de la Química Recreativa que Carlos nos retrata... pero aún así, cada vez que voy a ver a mi madre, paso, con un estremecimiento, por la entrada del pasaje que un papel tan importante juega en una de sus novelas, quizás la más turbadora de todas ellas, y la que me "colgó" definitivamente de su autor.

Le propongo a Carlos Zanón un sencillo giro argumental: Pepe ha perdido su "torre" de Vallvidrera; la anciana propietaria que se la alquilaba por un precio razonable ha fallecido, y sus ávidos herederos se la han vendido a un "Fondo Buitre" que, rápidamente, y mediante novedosas tácticas de "mobbing" inmobiliario, han conseguido expulsarlo, para construir en ella un hotelito "con encanto": con sus ahorros, y contando con la generosa pensión que aún recibe de la CIA, ha comprado un pequeño sobreático en, digamos, la Fuente Fargas, la Font d'en Fargas, no le hagamos perder demasiado status, es un sitio que está muy bien, pero a pocos minutos andando de la Avinguda de la Mare de Dèu de Montserrat. Desde allí sigue teniendo a sus pies Barcelona, pero una Barcelona diferente: ya no es el Sarriá exmenestral y bienestante, de poéticas y deliciosas confiterías, el Sant Gervasi de damas de lencería negra fina, que tanto le ponían a Pepe -y a Manolo-, y, al fondo y hasta el mar, el ordenado damero del Eixample, roto al final por el caos medieval y multicultural del Casc Antic: ahora verá desde su terracita con geranios el Carmelo, de baterías antiaéreas y antifascistas y derrumbamientos chapuceros y tresporcientistas, nido de nouvinguts que ya no son nuevos, el Turó de la Peira, Verdún, Horta, sus casitas de veraneantes barceloneses rodeadas de ladrillos desarrollistas, la Meridiana, la Verneda, el Barri del Besos, las Tres Chimeneas del Chernóbil barcelonés, que nadie sabe bien qué hacer con ellas, Santa Coloma, la Santaco cada día más oriental, Badalona, Sant Adriá, con su Ciudad de los Gitanos aún no cantada por un nuevo Lorca... una Barcelona no menos viva, sino al contrario, no menos auténtica, sino al contrario... se acomodará en su Sillón Poang -la pensión de la CIA da para Ikea, pero poco más-, encenderá su chimenea de piedra artificial Leiro, y arrojará a las llamas, como en una pira hindú, como en un funeral vikingo -seguro que empezará por ahí- algún buen libro de Vázquez Montalbán...







martes, 20 de diciembre de 2016

Ik liebe Berlin

Todavía con el corazón encogido ante lo que ha pasado en Berlín... es este momento, aún no hay versión oficial, pero la semejanza con el atentado de Niza es aterradora... no puedo dejar de pensar en Berlín, mi Berlín...




No es una clasificación muy científica, pero, a estas alturas de la vida, divido las ciudades en tres categorías; ciudades en las que me gustaría vivir; ciudades en las que NO me gustaría vivir -por bellas y deslumbrantes que sean, un ejemplo podría ser Roma- y ciudades que ni fu, ni fa... ¿Qué les pido a las de la Primera Categoría...? por tonto que parezca, un buen sistema de transporte público -¡Hey, amigo Pau Noy- que haga accesibles todos sus rincones, (algo que hace extrañamente acogedor un monstruo como Tokio) una densidad cultural que haga apetecible moverse por ella, sosiego -relativo-, silencio -relativo también-, y ese algo especial que tienen los lugares donde sospechas que todo el mundo puede encontrar su hueco.... llevábamos dos horas en Berlín, y ya le decía a Blanca: "¿Tu ves...? aquí no me importaría quedarme unos cuantos meses..." y ella, que me conoce, estoy seguro de que lo entendió.

He estado tres veces en Berlín, que ya es mucho, teniendo muchos más sitios a donde ir, muchos más que oportunidades...  siempre he estado en el crudo Invierno centroeuropeo, con un frío pelón, pero también con sus calles llenas de animación, de vida -¡hay que joderse!-, que se concentra, se sublima en sus mercados navideños... con independencia de las creencias de cada uno -con mucha independencia-, hay algo en la Navidad que me conmueve: esa nostalgia de un tiempo que seguramente no existió jamás, y que difícilmente existirá, donde hombres y mujeres son buenos, las familias, felices, los jefes, simpáticos, las luces, de colores y haciendo guiños, padres y madres llevan a sus niños cogidos de la mano, el aire huele -allí, por lo menos- a vino caliente con especias y a mazapán de gengibre... justamente a ese mercado de Navidad de la K-damm, al pie de la "muela cariada" -como llaman los berlineses, que son unos cachondos, a las ruinas de la Iglesia del Kaiser Guillermo- estuvimos, creo, en cada uno de nuestros viajes; allí donde se ha estrellado el camión se compró Blanca una bufanda de lana granate, y a pocos pasos, unos simpáticos muchachos nos invitaron a un pastelito de bizcocho con marihuana -estaba rico-, y nos insistían en que podíamos comprarles más, aunque viajásemos a España, "En la aduana no os dirán nada", afirmaban, muy seguros...

En uno de mis cuentos sobre El Oso, en el más largo de ellos, mi personaje visitaba Berlín; allí era acogido por otro oso, Knut, subían a la planta más alta de "mi" hotel, el Forum, en Alexanderplatz, un monstruoso rascacielos exsocialista, pero que está en el cogollito- y, desde allí, le explicaba Berlín, con estas palabras:


“Aquí tienes mi ciudad –me dice Knut-, y tuya también, porque eso quiere decir Berlín, “Ciudad del Oso”, por eso verás efigies nuestras en todas partes, y a nadie extrañará nuestra presencia, porque la gente creerá que somos hombres-anuncios del Ayuntamiento. En mi caso es aún más verdad, porque yo he nacido aquí, puedo decir lo mismo que dijo Kennedy, “Ich bin ein Berliner”, soy un berlinés, aunque no faltaron los que se cachondearon de él, porque un Berliner es también un bollo relleno de crema, están muy ricos, ya te invitaré a una o dos docenitas, entran solos… 

Berlín es, al mismo tiempo, la Capital de Alemania, y una ciudad imprevisiblemente  poco alemana, abierta a la Europa oriental, las fronteras de Polonia están muy cerca –bueno, van y vienen, las fronteras polacas tienen una desconcertante tendencia a la movilidad-; de hecho, los primeros berlineses eran eslavos, y muchos de los nuevos lo vuelven a ser:  en medio de una llanura abierta a todos los vientos, arenosa, pantanosa, muy cerca del Báltico, recorrida por ríos tan caudalosos como perezosos, que se remansan en lagos por todas partes. Hay ciudades desde donde se ha construido la Historia; Berlín lo intentó varias veces, pero, al final, ha sido la Historia la que ha acabado construyéndola a ella: ha pasado de dominadora a dominada con increíble rapidez y con reiteración aterradora: en los últimos doscientos años, esto ha sido un desfile de reyes prusianos, dragones franceses, emperadores germanos, estraperlistas de la hiperinflación, imperios de mil años, ocupantes con medias de nailon o con gorro de símil piel, muros que dividían, manifestaciones, bombardeos, desembarcos de multinacionales multimillonarias, arquitectos superstars… así ha quedado, una ciudad hecha por cuatro grandes urbanistas: Schinken, el equilibrio y la serenidad neoclásica: Speer, la megalomanía ilustrada al servicio de la barbarie: las Fuerzas Aéreas angloamericanas, grandes creadoras de espacios abiertos, y los especuladores de la última ocupación, la Reunificación, que parecen niños de colegio compitiendo a ver quién la tiene más larga: entre unos y otros, si añadimos los bloques de la Depresión, las casitas de los enchufados en los economatos americanos, y los prefabricados de Plan Quinquenal, les ha quedado éste caos donde, extrañamente, nadie se siente fuera de su lugar, donde coexisten ancianos alemanes que se ponen muy nerviosos si les preguntas qué estaban haciendo en el 43 y sus descerebrados nietos rapados y con bombers, -hace falta tener cojones para ponerse una chaqueta que se llame “bombardero” en una ciudad que dejaron como la palma de la mano- con okupas anarquistas, trabajadores turcos de segunda generación, que ya ni saben donde cae Turquía, vietnamitas que vinieron cuando estaban ganando la guerra a los Yanquis en su tierra, y vieron como los yanquis la ganaban aquí, angoleños, colombianos, polacos, bielorusos, estudiantes de Erasmus de todas las leches… y todo el mundo, por difícil que parezca, se encuentra a gusto aquí, acaba haciéndose un huequecito, tanto la ancianita de medias ortopédicas y zapatos de plástico blindado que sigue creyendo que con Breznev vivíamos mejor, como el yupy de Hannover que ha comprado por medio millón de euros un barrio entero de pisos de veinte metros cuadrados con cagadero colectivo al fondo del pasillo, y que piensa convertirlos en apartamentos de lujo para veinteañeros californianos… tú también sucumbirás a su encanto, ya verás…

Quizás algún día me anime a colgar ese cuento, que hasta ahora solo he distribuido en la más estricta intimidad; pasan con él cosas raras, muy "Cuarto Milenio", no sé si me explico... de entrada, Knut, el osito blanco, que era la estrella del Zoo de Berlín, murió mientras lo escribía, y tuve que introducir un giro argumental... a los dos días de acabarlo, falleció otro de sus personajes reales, Jorge Semprún; con otros -Hitler, Stalin...- no existía el problema... hay también una referencia a Fidel, del que uno de los personajes afirma; "Ese, nos entierra a todos..."; bueno, ya se ha visto que no ha sido así... por no hablar del cadáver más cadáver que juega un papel importante en la trama, José Luís Rodríguez Zapatero, felizmente vivito y coleando, pero ante cuya tumba, como el Gran Wyoming, me recojo con frecuencia en oración... pero lo de ayer ya supera todo lo esperable... ¿Sabéis cómo entra y sale mi personaje principal en Berlín..? En un trailer polaco...

Berlín sigue muy cerca de mi corazón, no descarto volver, y pronto, desde ayer tengo aún más ganas... Ik -no ich, los berlineses dicen "ik"-, ik liebe Berlín... a una ciudad a la que le ha pasado de todo, menos quedarse preñada, le faltaba ese puntito de horror de un buen atentado para hacerla aún más querida a los que hemos sucumbido a sus encantos... desde aquí le envío un abrazo, junto a una de sus más bellas esculturas, precisamente por no ser bella, la "Pietá" de Käthe Kollwitz, una madre pobre, proletaria, que acuna a su hijo muerto en el Memorial de la Neue Wache, y aquellos versos del himno de la República Democrática Alemana: "Daß nie eine Mutter mehr Ihren Sohn beweint", "Que nunca más una madre llore a su hijo"....




lunes, 5 de diciembre de 2016

De Ceferino a Marcel...

Lector vicioso, que no ejemplar, tengo mis manías, como todos... una de ellas, los nombres de los personajes...

En efecto, los nombres de los personajes que aparecen en una novela pueden jugar sobre mí un particular efecto negativo; si el nombre me resulta chocante, inadecuado, tiendo a distanciarme, a no entrar plenamente en la trama... un nombre que chirríe resulta para mí absolutamente anafrodisíaco, no sé si me explico, vamos, que no... y puede ser por varios motivos: un nombre de personaje no puede ser premonitorio, no puede ser un "spoiler": si la protagonista lo va a pasar mal, francamente mal, no se debe llamar Angustias ni Dolores; la que más se acerca, la Colometa "Palomita" de "La Plaça del Diamant", que ya desde el principio sabes que acabará prácticamente desplumada... tampoco un futuro marido engañado debe llamarse Cornelio -¿Os imagináis, Monsieur Bovary...?- los nombres y apellidos deben ser realistas, no digo yo que tomados del Listín Telefónico -caso de que aún exista, hace tiempo que no veo ninguno-, pero no deben chocar innecesariamente; llevo años siguiendo fielmente la carrera de un suboficial de la Guardia Civil llamado Bevilacqua, que fuerza a su autor a explicar, en cada novela, la existencia de un padre uruguayo desentendido de su esposa e hijo, con la de tinta que se habría ahorrado llamándolo López, pongo por caso... mi situación de incomodidad llega al colmo cuando algún autor extranjero incorpora algún personaje hispano o español con nombres y apellidos auténticamente ridículos e improbables...

Si vamos a ver, tengo un cierto desencuentro con Cervantes ni más ni menos que por el nombre de Don Quijote... posiblemente no sospechó que la fama de su obra superaría, de lejos, la época en que se conservaba un recuerdo de los nombres de las piezas de las antiguas armaduras, pero... ¿quijote...?; mal empezamos si, a la primera página, nota aclaratoria... podría haberlo llamado "Don Yelmo", que aún mucha gente sabe lo que es, "Don Casco" "Don Peto", "Don Espaldar"... o, más abajo de los quijotes, "Don Espinilleras", nombres todos que, en diversas variedades y materiales high-tech, aún siguen usando deportistas y policías antidisturbios... pero fue a bautizarlo con una de las piezas que antes han pasado al olvido... acertó, eso sí, con Sancho Panza, al que sólo falta añadirle el adjetivo "Cervecera" para considerarlo plenamente vigente y actual.

Si, por el contrario, el nombre resulta correcto, según mis puñeteros estándares, tampoco es que lo considere un mérito especial; lo doy por bueno, pasa sobre mí fluidamente, y ya puedo concentrarme en la trama; de vez en cuando, me sorprende el acierto en la elección de alguno, pero no es lo más habitual...

En eso, como en tantas otras cosas, soy un rendido admirador de Marcel Proust: en "A la búsqueda del tiempo perdido", una obra fluvial, miles de páginas, cientos de personajes... ni un fallo, todos nombres admirablemente elegidos, Guermantes, Saint-Loup, Verdurin, Jupien... en orden descendente de clase social.... Palamède, para un varón tradiccionalista, Albertine, para una muchacha en flor que, posiblemente, escondía como referente real a un muchacho no menos en flor... quizás un pequeño "pero"; Swann, ¿no hubiese sido mejor "Schwan", "Cisne", en Alemán, y supongo que también en Yidish?... pero no vamos a discutir por una "ch" y una "n" de más o de menos, él sabría el por qué...

Y otro de sus grandes aciertos fue el de mantener, durante toda su obra, en el secreto el nombre del narrador y auténtico protagonista... ¿es eso cierto...? según y como...

Me leí de un tirón "A la recherche..." en los siete -me parece- volúmenes de una edición de bolsillo en Francés, prestada por una amiga, Pilar, todavía más francófila -y más francófona- que yo: lo hice, además, durante unas vacaciones en Boltaña -mi Combray y mi Balbec particulares, todo en uno-muchas veces entre baño y baño en la Gorga; Pilar había subrayado profusamente sus ejemplares, costumbre que yo no tengo, seguramente por falta de constancia, y eso me permitió descubrir -porque allí los subrayados alcanzaban ya su paroxismo- el único párrafo donde Marcel Proust baja la guardia, e insinúa indirectamente, en un suponer, por así decirlo, que su Narrador Sin Nombre podría llamarse como el autor del libro, Marcel, es decir, él mismo... no me resisto a citarlo literalmente:

"Albertine decía: "Mi" o "mi querido", seguidos uno y otro de mi nombre de pila, lo que, dando al narrador el mismo nombre que el autor de este libro hubiera sido: "Mi Marcel", "Mi querido Marcel""

Pelín liado, ¿verdad...? Pero así era Don Marcel, no le demos más vueltas, que ya bastantes le daba él...


Viene a cuanto todo esto porque el otro día celebraba yo la reciente concesión del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza, al que admiro por muchos y variados motivos, y hacía referencia a uno de sus personajes con los que más sanamente me he reído; el Detective Sin Nombre.

Eduardo Mendoza, a la hora de poner nombres a sus personajes, arriesga, y de qué manera; ya en su primera novela, "La verdad sobre el caso Savolta", hizo auténticos equilibrios; de entrada, elegir un apellido catalán "salat" -encabezado por el el artículo "sa", que substituye al "la", determinado femenino singular, en el habla de las Baleares y, antiguamente, en buena parte de la costa mediterránea catalana- que no es frecuente... y, dos años después de la aparición de la novela, se estrenaría la primera película de John Travolta, que añadiría una peligrosa contaminación... también era arriesgado que un periodista anarquista, por menudo e inquieto que fuera, fuese conocido por el apodo de "pajarito" -que siempre asociaremos a José Luís López Vázquez en la película que se inspiró, bastante libremente, en la novela... volvió a hacer un triple salto mortal al bautizar al ingenuo extraterrestre que aterrizaba en Barcelona para conocer la marcha de los fastos olímpicos -y que, para evitar llamar la atención, adoptaba el aspecto físico de Marta Sánchez- con el nombre de Gurb, ignorando -¿cómo iba a saberlo?- que es un municipio de la Plana de Vic... acertaba de lleno en "La Ciudad de los Prodigios" al llamar a su protagonista Onofre Bouvila, no se me ocurre otro nombre que resuma mejor el origen campesino del Bou -buey- con la Vila -villa- que era su destino final... por no decir en una de sus más felices invenciones, Isabelita Peraplana, con el que he bautizado -secretamente, por supuesto- a todas las señoritas que he conocido de agradable presencia pero escaso desarrollo pectoral...

Su Detective Sin Nombre -frecuentemente escapado de la institución donde, con métodos francamente arcaicos, lo atendían de su tampoco nunca descrita enfermedad mental- no necesitaba ser llamado de ninguna manera porque, cuando lo hacían los demás, usaban epítetos sumamente insultantes, y cuando era él mismo quien se presentaba, se apropiaba del apellido -Sugrañes- del psiquiatra que con tan escaso éxito lo asistía... ni siquiera procedió nunca a tomarle la filiación el Comisario Flores, al que debo uno de los más brillantes términos de la inagotable cantera que encontramos en la obra de Mendoza, y que -ahora es el momento- me acuso de haber tomado prestado en alguna ocasión: ¿sabéis cómo se llama el periodo histórico transcurrido entre el 18 de julio de 1936 y el 20 de noviembre de 1975...?: "Prepostfranquismo".

Pues bien, en su más reciente aparición, en "El secreto de la modelo extraviada", el Detective Sin Nombre deja de serlo; sabemos ya que se llama Ceferino: nombre honesto y modesto, que denota antecedentes rurales y/o uso del Santo del Día, esa sabia tradición que tantos quebraderos de cabeza ahorraba. Recordaremos su nombre, y esperamos su pronta reaparición en la nueva obra que, desde ya, nos debe Eduardo Mendoza a sus leales admiradores.






sábado, 26 de noviembre de 2016

En el día de la muerte de Fidel...

Curiosamente, llevaba días pensando escribir sobre esto, pero la ocasión no puede ser mejor...



Durante mi estancia en Angola, compré en un lujoso supermercado un librito que me pareció interesante: "El León Rojo", de Pedro Arregui, uno de los soldados cubanos que combatió en la cruenta guerra civil angoleña, formando parte del contingente enviado por Fidel Castro para apoyar, en un esfuerzo de solidaridad internacionalista, al MPLA. Además, estaba traducido al Portugués, y siempre que puedo, cuando estoy en otro país cuya lengua me resulta comprensible, me gusta simultanear mi visita con la lectura de un libro en el idioma del lugar, es una forma más de hacer más pleno, interiorizado, el viaje.

"El León Rojo" no es un libro militante ni partidista; el autor, Pedro Arregui, al parecer vive en España, y ya el subtítulo de su novela -"Relato verídico de un militar cubano voluntario forzoso en el teatro de la guerra de Angola"- marca distancias respecto de la operación en que se vio envuelto y, por supuesto, no deja traducir un entusiasmo revolucionario de manual: el libro es interesante y vivo: un reservista cubano es llamado a filas para lo que, de entrada, parecen ser unas maniobras, hasta que les comunican que van a participar en la operación de auxilio al gobierno angoleño, amenazado por las guerrillas que apoyan los Estados Unidos, la Sudáfrica racista y... la China comunista, en su momento de mayor enfrentamiento con la Unión Soviética. En tierras angoleñas vivirá unos meses de guerra que, como ya sabemos desde Stendhal, es una breve sucesión de episodios dramáticos y violentos que apenas llegas a interpretar desde tu nivel de soldado, y que rompen la monotonía de largos días de aburrimiento, sin más actividad que procurarse el mínimo de comodidades; comida aceptable, agua, un sitio donde mínimamente descansar... y donde el camión con el que se va a buscar las provisiones es infinitamente más importante que los blindados o las piezas de artillería, y compañeros apenas conocidos anteayer llegan a ser algo más próximo que padres o hermanos... a propósito, el "León Rojo" no es ninguna fiera -Arregui, como me pasó a mí, no ve ninguna bestia salvaje de cuatro patas en Angola-, sino un lanzacohetes de fabricación soviética, con el que hostigan a las tropas sudafricanas...

¿"Voluntario forzoso..."? Según y como; la unidad de reservistas a la que Arregui pertenece es una batería de artillería, soldados con un adiestramiento especial
, muy necesarios para la operación que se prepara; los concentran sin dar demasiadas explicaciones, interpretan ellos que se trata de unas maniobras... pero los llevan a La Habana, donde Fidel Castro les dirige la palabra, explicándoles el alcance de la expedición y lo que espera de ellos: aún así, muchos alegan motivos para quedarse en Cuba: atención a la familia... ¡tener exámenes pendientes...!. las excusas son aceptadas... los que marchan lo hacen a sabiendas de que participan en una experiencia internacionalista, y de las palabras de Arregui se desprende un buen nivel de interiorización de ese espíritu y, ¿por qué no?, del orgullo de formar parte de un movimiento mundial sobre el que extiende su manto protector la Unión Soviética, que, al parecer, escolta con sus submarinos los buques que van y vienen de Cuba a Angola...

Pero me interesa destacar dos curiosos fenómenos de lo que podríamos llamar "lealtades cruzadas"; la relación entre los Internacionalistas cubanos y los militares angoleños del MPLA es buena... pero mejorable; hay por parte de los angoleños una cierta prevención hacia unos compañeros mejor preparados y equipados... y, además, "blancos" -en el contingente cubano, al parecer, los blancos son mayoría-, culturalmente muy lejanos a ellos. No faltan incidentes en que los combatientes del MPLA quieren dejar claro que esa es "su" guerra, y que los cubanos están tan solo ayudando... sin embargo -o precisamente por eso- los cubanos son muy bien recibidos por los colonos portugueses, con los que la proximidad lingüística y cultural ayuda a establecer lazos... cuando los cubanos se retiran, los portugueses, les dicen, se van a sentir solos y desamparados...

Hay otro episodio sumamente revelador: durante el viaje de ida del convoy cubano, llega la noticia de la muerte de Franco: los responsables políticos se enfrentan a una situación curiosa: por un lado, ha muerto un dictador fascista, campeón del Anticomunismo... pero no pueden olvidar tampoco que la España de Franco era, fuera del campo socialista, el único apoyo internacional a la Cuba castrista y que, pese a algún sonado incidente diplomático, España rompía el bloqueo económico al que la tenía sometida Estados Unidos... a nivel colectivo, aún no se ha digerido en parte de la sociedad española el papel de los Estados Unidos en la guerra de Cuba: muchos independentistas catalanes cantan, a voz en grito, "el meu avi", habanera compuesta por un militar del Ejército Español, donde queda muy claro que, de lo que pasó en Cuba, "Tuvieron la culpa los Americanos"... y, en general, la Revolución Cubana no tuvo en la España franquista la mala prensa que cabía esperar... se sumó también la torpeza de los anticastristas que atacaron un buque español que comerciaba con Cuba... podríamos decir que, hasta fecha tan reciente como la presidencia de Aznar -ese sí plenamente en línea con los más reaccionarios del exilio cubano y de la ultraderecha estadounidense- Fidel ha sido, para la izquierda española, un referente, a veces incómodo, pero ampliamente querido, y para la derecha... un pariente no tan lejano, incómodo también las más de las veces... pero pariente al fin. Puedo dar fe de que, entre los falangistas de mediados de los Sesenta, Fidel era un personaje sumamente popular...

Es un día, por lo tanto, de sentimientos encontrados:  no basta con decir que ha muerto un personaje histórico, eso es evidente; ha muerto también alguien que ha sido importante en nuestras vidas, que ha dejado su huella en nosotros; despertando en algunos un rechazo plenamente justificado por sus desmesuras, que les han servido también para negar la posibilidad de cualquier cambio en el status quo caracterizado por la victoria de las versiones más rapaces y groseras del Capitalismo. el Capitalismo que alardea de tenernos a todos cogidos por el mismísimo coño... para los que aún creemos en la necesidad y la posibilidad de un Mundo distinto, Fidel ha sido uno de los nuestros, indefendible en algunas cosas, plenamente reivindicable en otras, ha puesto a prueba nuestra capacidad de justificar sus errores, dando por bueno que sus aciertos, por así decirlo, ya se daban por descontados, faltaría más... puedo llegar a estar de acuerdo en que quizás los cubanos no han sido los principales beneficiarios de su obra: pero tengo la íntima convicción de que, en un mundo sin Fidel Castro, sin la Revolución que él personificó y protagonizó, los poderosos despiadados lo hubiesen tenido un poco más fácil, y a los humildes, a los Parias de la Tierra, les hubiese faltado esa muchas veces engañosa, pero necesaria, imprescindible, lucecita de esperanza, que bajo ningún concepto hemos de dejar que se apague...